ENTREVISTA

Ángel Pineda, CEO de Orizon: “La tendencia de todo va a ser cloud se acabó”


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Según el fundador de esta empresa tecnológica alicantina, la IA transforma el negocio tecnológico, pero también plantea nuevos riesgos de concentración de poder, seguridad y control de los datos

Publicado el 29 sept 2026

Rufino Contreras

Redactor Jefe



fotografias Joaquín P. Reina
fotografias Joaquín P. Reina



Nos conocimos en una época en la que había mucha euforia alrededor del cloud computing y FinOps, pero vosotros fuisteis bastante prudentes y medíais mucho el fenómeno. Entonces, la pregunta sería: ¿El cloud no se ha convertido en una especie de alquiler perpetuo de la tecnología? ¿Observas también que haya una vuelta atrás en algunos casos?

A ver, yo creo que el cloud es una tendencia muy positiva, pero depende también del tipo de negocio. Hay tipos de negocio que gracias al cloud se pueden montar con muy poca inversión y muy rápido, y eso antes no se podía. Con el on-premise tenías que hacer grandes inversiones en productos e infraestructura. Con la nube, con todo el tema de servicios, que lo tienen muy bien montado, hay muchos tipos de empresas a las que les cuadra muy bien.

Sin embargo, como cualquier tendencia, no es para todo el mundo. Y su adopción, de lo que veíamos en aquella época que tú comentas, cuando decíamos con prudencia aquello de «lo va a hacer todo el mundo», ¿no? De hecho, en clientes de banca, corporate, etc., los CIO tenían el objetivo de llevarlo todo al cloud. Aquello desapareció.

En entornos corporate yo creo que lo usan parcialmente y para algunas cosas, pero desde luego no sustituye a nada. Esa tendencia de “todo va a ser cloud” se acabó.

Entonces queda esa disyuntiva: si realmente el cliente es rehén de la tecnología del proveedor. Y si cambiar de un proveedor a otro puede suponer, ya no solo económicamente, un desbarajuste para la empresa…

Yo pienso que en el mundo tecnológico algunos proveedores han intentado hacer lo que tú bien has dicho: hacer perpetuo al cliente y que no se vaya, fidelizarlo como cualquier negocio. La tecnología no es un negocio como otra disciplina, como la medicina, que tiene un código deontológico en el que intentas ayudar y no hacer dependiente al cliente. En tecnología nunca ha pasado eso.

Esto ya viene de hace mucho tiempo. Los grandes proveedores clásicos de infraestructuras, ya lo intentaban. Luego los proveedores del entorno cloud también quieren que estés allí siempre. Todos quieren hacer recurrente su negocio y ponen muchas barreras para que te cambies.

Y ya pasamos a la IA, que es el momento de explosión. ¿Está sucediendo algo parecido? ¿Ves algún paralelismo con lo que te comentaba o no necesariamente?

Sí, yo sí que veo paralelismos, pero también creo que la IA es un fenómeno distinto. La IA tiene, yo creo, mucha más llegada. Ya no estamos hablando de una infraestructura, de un servicio. Es algo que está transformándolo todo. Nosotros usamos mucho la IA a todos los niveles: no solo en el producto, sino también en los servicios y en el día a día. Y la IA hoy en día te da la razón. Es como tu compañero que siempre te dice lo que quieres oír y, si no tienes criterio, pues te puede llevar por algún lado. La IA bien usada es tu secretario. Lo que no puede ser es que la IA sea el líder y tú seas el secretario. Eso es algo que también observo mucho. Ahí se te va un poco de las manos.

¿Tú ves ese snobismo, entre comillas, por parte de las empresas, como un nuevo rico que no quiere perderse la foto?

Sí. Con la IA está pasando un poco eso: se pone el dinero, pero luego no siempre hay una idea clara de para qué se quiere utilizar ni un plan establecido. Y esto ha ocurrido con prácticamente todas las tendencias: el Cloud, el Big Data y todas las demás que podamos mencionar.

Incluso pasó en su momento con el metaverso. Yo tenía clientes que se dedicaban a ofrecer soluciones de eficiencia y me preguntaban si estábamos en el metaverso. Y mi respuesta era que no: nosotros estábamos centrados en la eficiencia del software, en ahorrar costes y en mejorar el rendimiento.

¿Puede la IA, para todos los negocios, sustituirlo todo, cambiarlo todo?

Por ejemplo, yo creo que todo lo que es un servicio de bajo valor te lo hace la IA y te lo hace mejor. Pero un servicio de alto valor, no creo. Nosotros tenemos clientes de los que recibimos 170 ficheros diarios, un montón de gigas, una mezcla muy grande. Lo puede hacer la IA, pero hay un humano que tiene que decir: “¿Cuáles son? ¿Con cuál voy a tener un modelo de eficiencia?”. Y hoy en día, ahí no está.

Entonces, ¿la IA democratiza o refuerza la concentración de poder de los denominados tecnoligarcas?

Pues bueno, se han dejado algunas IA aparentemente democráticas —entre comillas, como todo—, quizá como una especie de reclamo para transmitir esa idea de democratización. Pero, al final, yo creo que la tendencia es a que se produzca una concentración. Es precisamente lo que hablábamos: la ambición humana y esa tendencia a que, al final, unos pocos terminen concentrando el

poder y los recursos. Y es que la IA tiene muchísimo valor, requiere una inversión enorme y son relativamente pocos los actores que realmente están en condiciones de desarrollarla a gran escala. Inversiones de millones de euros pueden parecer mucho, pero, en realidad, no son suficientes para desarrollar una IA verdaderamente competitiva.

Y tus clientes, ¿observas que haya una tendencia hacia algún tipo de proveedor? ¿Son más fieles a Microsoft, Google o a OpenAI? ¿O no observas ninguna tendencia y lo que quieren es una solución para su empresa, independientemente del LLM de marras?

Yo observo que cada vez más están empezando a utilizar su propia IA. No recurren a los grandes proveedores, sino que la procesan en sus propios servidores, sin necesidad de subir ni compartir los datos. Es decir, ejecutan la IA internamente, tanto por una cuestión de ahorro como para evitar compartir información con las grandes plataformas de IA generativa.

¿Puede por tanto producirse una hiperfragmentación con IA y que esto pueda generar cierto caos que impacte en el negocio?

Totalmente. Y, al final, esto se traduce en costes y en una menor productividad. Sí que lo estamos observando. Pero, ya te digo, sobre todo viene por la parte de seguridad, que es lo que más está preocupando a todos los clientes. Están muy centrados en la seguridad y, ahora mismo, la IA se ha convertido también en un problema desde el punto de vista de la seguridad.

Se habla mucho de la soberanía de los datos, pero realmente tus datos los tiene alguien. ¿Hasta qué punto un cliente puede confiar en que sus datos están realmente protegidos, por muchas leyes que existan?

Puede existir una auditoría de terceros que garantice que se están haciendo las cosas correctamente, claro. Pero, en cierto modo, eso también acaba siendo una cuestión de confianza: de confiar en el gobierno, en la empresa de turno o en quien sea que te diga que tus datos están seguros y que lo que afirma es verdad.

Por eso te decía que sí veo a los clientes muy pendientes de dónde van estos datos y de que no salgan de su propio entorno. Quieren tenerlos controlados y saber exactamente cómo funciona su IA, qué utiliza y qué ocurre con la información que procesa.

Entonces, saliéndonos un poco de lo políticamente correcto, ¿quién domina realmente la economía digital y hasta qué punto podemos confiar en las empresas que están marcando ese camino? Porque nos están llevando hacia una transformación digital que todos asumimos como inevitable, pero, al mismo tiempo, son esas mismas tecnologías las que podrían llevarnos al precipicio. ¿Cómo podemos confiar en quienes nos están llevando por ese camino?

Pues la IA es, creo, la primera de todas las tendencias que hemos ido observando, como el Cloud, el Big Data y otras, que nos está llevando a una discusión más filosófica. Las anteriores no nos habían planteado ese tipo de debate. El servidor está aquí o está allí, proceso más datos o menos datos… Era una discusión más científica y técnica. Ahora, en cambio, estamos entrando en un terreno más filosófico: si queremos la IA o no la queremos, y qué implicaciones tiene. Y ahí me vuelve un poco al principio de la pregunta: ¿hay alguien detrás de todo esto que tenga algún interés? Porque, al final, en toda esa marabunta de información que utilizamos, la propia IA está además consultando a otro LLM. Y entonces surge la duda: ¿hasta dónde acaba llegando toda esa información?

Cuando apareció Google, todos veíamos simplemente un buscador y estábamos emocionados con lo que nos ofrecía. Yo creo que aquí también hay un negocio alrededor de los datos: obtener información, recopilarla y explotarla. Y probablemente, con todas las preguntas que hacemos y toda la información que las IA van obteniendo, haya alguien detrás explotando esos datos y pagando por ello. Es una percepción mía, pero creo que puede haber un negocio importante detrás de toda esa información.

Y ahora vamos a tu terreno particular, como directivo responsable de Orizon, ¿cuál es su ubicación dentro de este escenario tan amplio y tan nutrido como es la IA? ¿Cuál sería vuestro papel?

Nuestra IA se basa en 19 años de conocimiento y en el análisis masivo de datos para detectar ineficiencias en el software y encontrar oportunidades de ahorro y mejora del rendimiento. La IA nos aporta valor al correlacionar toda esa información, pero partiendo de que nosotros sabemos qué buscamos y qué datos necesitamos.

Nuestra IA interna no funciona como una IA generativa a la que simplemente haces preguntas. Acumula el conocimiento y las decisiones de nuestros analistas, incorporando cada vez más contexto. Tenemos cerca de 6.000 recomendaciones y 126 técnicas de optimización para detectar una ineficiencia y determinar cómo resolverla de la forma más eficiente.

En ese sentido, funciona casi como un analista o un “gemelo digital” de nuestra experiencia: permite aplicar rápidamente el conocimiento acumulado a distintos entornos tecnológicos y obtener recomendaciones concretas. El siguiente paso es conseguir que esta IA pueda ayudar también a profesionales con menos experiencia, y no solo a los expertos.

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