OTROS TITULARES
“Europa puede competir en IA si evita la fragmentación y apuesta por la colaboración”
“2026 será el año en que la inteligencia artificial genere impacto real en las empresas”
“España tiene infraestructuras y empresas con ambición para ser referente tecnológico”
“El gran reto del mercado español: falta de talento especializado para ejecutar la transformación digital”
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Asumiste el liderazgo de SAP en España el pasado 1 de enero. Antes de entrar en tus objetivos, ¿puedes resumir tu trayectoria profesional?
La mayor parte de mi carrera la he desarrollado en Microsoft, donde estuve cerca de 20 años en distintas funciones y países. Empecé en Portugal, luego pasé a Italia como Chief Operating Officer y también gestioné marketing para Portugal, Italia y España. Después me trasladé a París, donde dirigí la mayor unidad de negocio de Microsoft en Europa Occidental.
Posteriormente salí de Microsoft para ser CEO de un gran grupo en el sector salud en Portugal, vinculado a las farmacias, donde estuve más de cuatro años. Luego regresé a Microsoft como director general en Malasia y miembro del equipo senior de Asia-Pacífico.
Más adelante, fui presidente ejecutivo de los aeropuertos portugueses durante casi cuatro años y medio, y después me incorporé a SAP como vicepresidente para Europa del Sur, Oriente Medio y África en el área de Business Technology Platform. Hace unos años asumí la responsabilidad de Europa del Sur, con siete países, y desde este año lidero España.
Con ese bagaje internacional, ¿cuál es el principal objetivo con el que aterrizas en España?
Tengo un objetivo muy claro: quiero que España lidere dentro de SAP en Europa. Estamos en un momento de cambio muy relevante, especialmente por la irrupción de la inteligencia artificial, y creo que España tiene todas las condiciones para posicionarse como un país que marque el ritmo en esta transformación. Para lograrlo, quiero trabajar muy cerca de las empresas españolas, de la administración pública y de nuestro ecosistema de partners, que es especialmente fuerte en este mercado.
¿Qué factores hacen pensar que España puede asumir ese liderazgo?
España tiene una combinación muy favorable. Cuenta con una situación geopolítica relativamente estable, dispone de infraestructuras sólidas, tiene presencia de hiperescalares, un alto nivel de talento y, algo muy importante, empresas con ambición global, no solo local. Ese conjunto crea un ecosistema muy propicio. Si somos capaces de invertir de forma coordinada y trabajar de manera no fragmentada, España puede convertirse en un referente en Europa.

En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y disrupción tecnológica, ¿cómo describirías la posición actual de SAP?
SAP está en una posición muy fuerte. Hay un dato que lo ilustra bien: el 84% de las transacciones comerciales a nivel mundial pasan por sistemas SAP. Eso refleja la responsabilidad que tenemos en la estabilidad de la economía global, especialmente en un entorno tan complejo como el actual. Además, contamos con software muy desarrollado, un conocimiento profundo de las industrias y una inteligencia artificial que ya está integrada de forma nativa en nuestras aplicaciones.
¿Y específicamente en España? ¿Cuál es la situación del mercado?
En España la posición es también muy sólida. El 100% de las empresas del IBEX 35 son clientes de SAP y aproximadamente el 75% ya están en la nube con versiones recientes. Esto nos da una base excelente para ayudar a las organizaciones (no solo empresas, también sector público) a dar el siguiente paso: aprovechar realmente el potencial de la inteligencia artificial.
Has mencionado que estamos en un punto de inflexión. ¿Por qué 2026 es clave?
Porque las organizaciones están cansadas de pilotos que no terminan nunca y de presentaciones teóricas. Lo que quieren ahora es impacto real. Creo que 2026 será el momento en el que la inteligencia artificial pase de la fase de experimentación a generar resultados tangibles en los negocios.
En ese escenario, ¿puede una compañía como SAP liderar sola esta transformación?
No, en absoluto. Esto tiene que hacerse de forma integrada y cooperativa. Los clientes utilizan múltiples soluciones, no solo SAP, y nosotros tenemos que ser capaces de trabajar con hiperescalares, partners e incluso competidores. La clave es entender la necesidad del cliente y colaborar para ofrecer el mejor resultado posible.
¿Cuál es el principal reto que identificas hoy en el mercado español?
El mayor reto está en la capacidad de ejecución. Muchas organizaciones están migrando muy rápido a las últimas versiones de SAP, pero eso genera un cuello de botella en los recursos de consultoría. No es un problema de infraestructura —España está muy bien posicionada en ese aspecto—, sino de talento especializado. Tenemos que trabajar conjuntamente con partners y clientes para ampliar ese ecosistema.

SAP ha pasado de definirse como “cloud first” a “IA nativa”. ¿Qué implica ese cambio?
Es una evolución natural. Primero fuimos una compañía centrada en la cloud, luego incorporamos la inteligencia artificial como prioridad, y ahora la IA está integrada en todo lo que hacemos. La cloud ya es un estándar, se da por hecho. Lo diferencial ahora es cómo utilizamos la inteligencia artificial para transformar los procesos y generar valor.
¿Sobre qué pilares se construye esa estrategia de inteligencia artificial?
Sobre tres pilares fundamentales: datos, aplicaciones e inteligencia artificial. SAP tiene un legado de más de 50 años desarrollando aplicaciones y un conocimiento muy profundo de los procesos de negocio.
Pero hay un punto clave: si alimentas la inteligencia artificial con datos de baja calidad, los resultados serán malos. La IA es un amplificador. Por eso es fundamental trabajar sobre datos fiables y con contexto.
¿Cómo aborda SAP el reto del dato y su contextualización?
Hemos desarrollado capacidades como el Business Data Cloud, que permite integrar datos de distintos sistemas —como ERP, recursos humanos o gestión de gastos— de forma mucho más sencilla, incluso con un clic.
Lo importante no es solo integrar los datos, sino darles contexto de negocio y operacional. Sin ese contexto, la inteligencia artificial no funciona correctamente.
Existe cierto debate sobre si la IA puede amenazar el modelo de software como servicio (SaaS). ¿Compartes esa visión?
En algunos casos más simples, la facilidad de desarrollo que aporta la inteligencia artificial puede sustituir ciertas soluciones. Pero en sistemas complejos, como un ERP, ocurre lo contrario. La IA no sustituye el software, lo potencia. En soluciones con procesos de negocio complejos y requisitos regulatorios, el valor del software sigue siendo fundamental.
¿Pueden las empresas europeas competir en inteligencia artificial frente a las grandes tecnológicas globales?
Sí, sin duda. SAP es una compañía de origen europeo que lidera su mercado incluso en Estados Unidos. Es una prueba clara de que Europa puede competir. Pero tenemos que hacerlo de forma conjunta, colaborando con todo el ecosistema y, sobre todo, con los clientes.
En un escenario con agentes inteligentes y automatización creciente, ¿qué aporta realmente un software empresarial complejo como un ERP?
Si imaginas una organización sin ERP, sin procesos definidos, la pregunta es: ¿cómo trabajan las personas?, ¿cómo interactúan?, ¿dónde está el flujo lógico? Eso es precisamente lo que aporta un software maduro: estructura, coherencia y procesos. Esa es la verdadera ventaja, más allá de la tecnología.
Ahora, si a ese software complejo le incorporas inteligencia en todos los puntos del proceso, lo haces todavía más potente. Por eso decimos que el software está más vivo que nunca: la inteligencia artificial nativa lo va a hacer cada vez más poderoso.
Con la automatización intensiva y agentes capaces incluso de generar código, ¿esto puede complicar vuestro modelo o lo refuerza?
Yo creo que no lo complica, al contrario, lo facilita. Los agentes tienen un propósito muy claro: servir a los usuarios de una organización. Lo que va a cambiar es la forma en la que interactúan con la tecnología.
El usuario se va a acostumbrar a trabajar de forma mucho más natural. Por ejemplo, en SAP tenemos asistentes como Joule, con los que puedes dialogar directamente: pedir análisis, interpretar datos, consultar información de mercado… Eso mejora la gestión, siempre que los datos sean fiables.
¿Entonces la IA no destruirá empleo, como algunos plantean?
No lo veo así. Creo que va a multiplicar las capacidades de las personas y hacer evolucionar los puestos de trabajo. La IA es una herramienta que amplifica. Si la utilizas bien, te permite tomar mejores decisiones, trabajar más rápido y con mayor precisión. Pero depende de la calidad de los datos con los que trabajes.
Europa parece ir por detrás frente a Estados Unidos o China en la carrera por la IA. ¿Hay margen real para competir?
Yo creo que tenemos muchas opciones. De hecho, cuanto más observo lo que está pasando, más confianza tengo en que Europa va a liderar en muchas áreas. Ya hay compañías europeas compitiendo directamente con empresas estadounidenses y chinas. Europa tiene características únicas: un enfoque ético, un modelo social y una forma de entender la regulación que va a condicionar positivamente el desarrollo de la inteligencia artificial.
Sin embargo, hay quien opina que la regulación europea frena la innovación
No lo veo así. Las preocupaciones que tiene Europa —sobre privacidad, gobernanza o uso de datos— son las correctas. No son un freno, son una base para construir una IA responsable. El único riesgo real que veo en Europa es la fragmentación. Frente a bloques muy cohesionados como Estados Unidos o China, Europa tiene que trabajar de forma unida. Si lo hacemos, seremos competitivos.
Insistes mucho en la colaboración, incluso con competidores. ¿Es realmente viable?
Es imprescindible. El ecosistema tecnológico está cambiando rápidamente y afecta a todos: empresas, integradores, partners… La pregunta es si cada uno intenta avanzar por separado o si unimos fuerzas con una ambición común. Yo creo claramente en la segunda opción. Y eso incluye colaborar incluso con competidores para que la inteligencia artificial tenga un impacto real.
En el contexto actual de tensiones geopolíticas, ¿cómo está afectando esto al negocio?
Lo que vemos es preocupación en las empresas. Hay incertidumbre por el impacto económico, por el precio de la energía, por la evolución de los conflictos. Sabemos que habrá impacto, pero todavía es pronto para medirlo con precisión. En cualquier caso, esto refuerza aún más la necesidad de trabajar juntos.
Las tecnológicas están empezando a ser objetivo en conflictos, incluso con ataques a centros de datos. ¿Qué implica esto?
Refuerza la importancia de la resiliencia. Lo que estamos viendo es un cambio en la estrategia de recuperación ante desastres: antes se priorizaba la proximidad, ahora se busca mayor distancia para garantizar seguridad, aunque haya más latencia. La realidad es que los sistemas están preparados. Hay replicación de datos, planes de continuidad y resiliencia suficiente para que las operaciones sigan funcionando incluso en situaciones complejas.
¿Esto refuerza el papel del cloud?
Sin duda. La capacidad de recuperación, redundancia y continuidad que ofrece la cloud es clave en este contexto. Estamos viendo que, incluso en regiones afectadas por conflictos, las empresas siguen operando con normalidad gracias a estas infraestructuras.
Para terminar, pese a este contexto complejo, ¿eres optimista?
Sí, lo soy. Veo los retos, pero también veo las oportunidades. Si trabajamos de forma conjunta —empresas, partners, clientes e incluso competidores— podemos afrontar tanto los desafíos tecnológicos como los geopolíticos. Y creo que Europa, y España en particular, están bien posicionadas para hacerlo.








