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¿Puede una IA responsable paliar la incertidumbre en la cadena de suministro?



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Los ajustes regulatorios, la volatilidad en los costes y las tensiones laborales generan presiones simultaneas y efectos acumulativos sobre los mercados y las cadenas de suministro

Publicado el 17 abr 2026

Carlos Tur

Country Manager de JAGGAER para España y Portugal



IA en la cadena de suministro

Según el 21º Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial (WEF), la incertidumbre es el problema dominante del panorama sociopolítico para este año. Nos advierten de que hemos entrado en una «era de competencia», en la que las amenazas globales siguen aumentando en escala, interconectividad y velocidad.

De los 1.300 expertos encuestados para elaborar el documento, el 50% anticipa una situación “turbulenta” o “tormentosa” hasta 2028, cifra que asciende al 57% para los próximos 10 años. Solo el 1% pronostica un escenario “tranquilo”.

Traducido al mundo de las operaciones comerciales, los ajustes regulatorios, la volatilidad en los costes y las tensiones laborales generan presiones simultaneas y efectos acumulativos sobre mercados y las cadenas de suministro. Sobre estas últimas, hablar de riesgos ya no es un ejercicio teórico. En 2026, la pregunta no es si habrá disrupciones, sino cómo de preparados estaremos cuando ocurran.

¿Qué pueden hacer las empresas?

Queda demostrado que la inestabilidad de los mercados y de las cadenas de suministro seguirán desafiando, este año y siguientes, al comercio mundial y las operaciones de compras en 2026. A esta carga, ya dura de por sí, hay que sumar el aumento de los costes y unos requisitos medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) cada vez más estrictos.

Aquí hacemos un inciso más, digamos, realista. No se trata de esperar milagros: los cataclismos seguirán ocurriendo; la política está en constante evolución porque los gobernantes y las estrategias cambian; seguirá, por desgracia, habiendo conflictos y desigualdad, riesgos de uno u otro tipo, al fin y al cabo.

Pero las empresas no están solas en medio de la incertidumbre. Existen numerosas maneras de fortalecer la resiliencia de la cadena y aumentar la eficiencia gracias a la automatización y digitalización de tareas, reduciendo riesgos y gastos. ¿Qué empresas sobrevivieron, por ejemplo, a la gran crisis provocada por los confinamientos masivos en 2020? Precisamente las que estaban digitalizadas.

Llevado lo anterior al capítulo de compras, tecnologías como la inteligencia artificial generativa, la automatización y las normas de sostenibilidad están redefiniendo el panorama. Las organizaciones líderes ya no preguntan “si” adoptar estas tecnologías, sino “cómo” y “cuándo”. El departamento de Compras ha pasado de ser un centro de costes a convertirse en un motor estratégico de creación de valor.

IA sí, pero con principios

Se habla constantemente de las ventajas de la IA como una tecnología disruptiva que ha venido para quedarse en la actividad humana, y de las empresas en particular, máxime en momentos de tensión socioeconómica.

Pero los pros no deben ocultar los contras: aplicarla con responsabilidad es un requisito indispensable para que aporte -y no reste- valor. Con más motivo si hablamos de las operaciones de compras, en las que hay tantos agentes y factores implicados.

Integrar la IA no es solo instalar un software, es transformar un centro de costes en una ventaja estratégica. La clave está en conectar los datos dispersos para que pueda analizar, predecir y automatizar.

¿Qué función real puede cumplir ya en el terreno que nos afecta más directamente? Por ejemplo, hacer predicciones de la demanda, evaluar los riesgos de los proveedores y mejorar las recomendaciones para contratar (o no) a unos u otros. De este modo no solo es más probable reducir riesgos, sino además acelerar los ciclos de compra más rápidos, mejorar la precisión y el cumplimiento y desarrollar una capacidad de innovación continua.

Según Gartner (2025), el 80% de los responsables de compras considera la transformación digital como su máxima prioridad. McKinsey proyecta que para 2030, las funciones de compras que no hayan integrado IA y automatización avanzada operarán con desventajas competitivas insalvables.

Gartner prevé que la inversión en IA a escala mundial será de 2,52 billones de dólares en 2026, por el aumento de la inversión en infraestructura y servidores optimizados. La consultora señala en este sentido que el gasto total en IA llegará a los 3,34 billones en 2027.

Aunque el WEF advierte: la rápida evolución de tecnologías como la IA crea un terreno fértil para el crecimiento, pero también eleva los niveles de riesgo. Desde su impacto en el mercado laboral y la estabilidad social —con el cambio en los perfiles de los puestos de trabajo— hasta los interrogantes sobre la amenaza de la computación cuántica a la integridad de la información.

Por tanto, la IA ha de basarse en la confianza, la transparencia y la responsabilidad. Debe garantizar que todas las funciones impulsadas por esta tecnología dentro de la plataforma se desarrollen y operen considerando las implicaciones éticas, la gobernanza, la seguridad y la mejora continua. En resumen, guiarse por principios éticos claros para que funcione de forma eficaz y justa para el negocio.

Resumiendo, ante un contexto socioeconómico complicado e incierto, las claves para prevenir riesgos en compras son: por un lado, una tecnología “responsable” para digitalizar y automatizar los procesos; y por otro, las personas (profesionales, usuarios finales y proveedores), respaldados por su experiencia y una plataforma que incorpore IA que facilite y haga más eficiente su trabajo.

Todo ello incrementa la eficiencia, mejora la visibilidad y la toma de decisiones, reduce costes y anticipa riesgos en toda la cadena de suministro.

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