OPINIÓN

Jordi Roca, Accenture: La IA, el reto de su implantación exitosa, un desafío técnico y humano a la par



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La IA puede automatizar tareas, pero su verdadero potencial está en crear nuevos mercados y modelos de negocio

Publicado el 9 feb 2026

Jordi Roca

Managing Director de Accenture Technology España y Portugal



Accenture Jordi Roca
Jordi Roca, Managing Director de Accenture Technology en España y Portugal.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad. Sin embargo, la velocidad a la que avanza contrasta con la lentitud de su adopción. La IA, por disruptiva que parezca, no deja de ser una tecnología, y su impacto depende de la capacidad de adopción. Porque todo cambio tecnológico conlleva, siempre, un reto en la adopción y, todo reto de adopción es, en el fondo, un reto de cambio cultural.

Así pues, el recorrido de las compañías con la IA se divide en tres etapas.

  • La primera es el uso individual de copilots y asistentes que mejoran la productividad personal.
  • La segunda es la automatización de procesos existentes para reducir costes y ganar velocidad. Es una evolución necesaria, pero no disruptiva.
  • Y la tercera, la más compleja y la que marcará la diferencia, es la reinvención de los procesos de negocio y la generación de nuevos modelo de negocio basados en IA. No se trata solo de “poner IA o un agente” en lo que ya hacemos, sino de repensar procesos y crear negocios nativos de IA, igual que ocurrió con Internet y las plataformas que transformaron industrias enteras.

La IA puede generar ya productividades significativas a nivel individual, pero de difícil captura. Puede ahorrar tiempo, pero si ese tiempo no se reinvierte en actividades que generen valor, las cuentas no salen.

Estrategias y oportunidades en torno a la IA

Definido el recorrido, ¿qué impide una rápida adopción de esta tecnología?

La mayoría de las empresas no están fracasando en la IA, sino en sus estrategias. Porque no se puede ejecutar la IA de 2025 en una infraestructura de 2003.

No se puede lograr una toma de decisiones autónoma cuando los datos están dispersos, los flujos de trabajo residen en hojas de cálculo, los sistemas no pueden comunicarse entre sí, los equipos realizan hazañas heroicas porque “el sistema no puede hacerlo” y la deuda técnica es tan profunda que estrangula la productividad e hipoteca el futuro.

Las empresas quieren que la IA compense mágicamente una década de decisiones evitadas, actualizaciones retrasadas, equipos aislados y automatización estancada. Y esto, no funciona así. Hasta que los responsables de las compañías no arreglen los cimientos (flujos de trabajo, datos, gobernanza, integración, deuda técnica), la IA tendrá un mínimo retorno.

No se trata solo de “poner IA o un agente” en lo que ya hacemos, sino de repensar procesos y crear negocios nativos de IA

Más allá de los temas tecnológicos, el verdadero desafío no es técnico, sino humano. Aspectos como la capacitación insuficiente, la gestión del cambio, la resistencia cultural, el miedo a perder el empleo o la falta de confianza en la tecnología son los principales frenos.

No basta con probar, hay que acompañar en la adopción y convertir la productividad en resultados tangibles.

En la última edición de nuestro informe ‘Technology Vision’, más del 80% de los directivos reconocía que la IA sería crítica para la competitividad en los próximos tres años, pero solo una minoría había logrado escalarla más allá de proyectos piloto. Esto refleja una realidad: la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para absorberla.

La oportunidad es enorme, pero hay que saber aprovecharla. La IA puede automatizar tareas, pero su verdadero potencial está en crear nuevos mercados y modelos de negocio que hoy ni imaginamos.

Los premios Nobel de Economía de 2024, Daron Acemoglu y Simon Johnson, lo explican en su libro ‘Poder y progreso’. Cuando la tecnología se utiliza solo para automatizar, se pierden puestos de trabajo netos, cuando se usa para generar nuevos mercados, se crean empleos y riqueza. La historia así lo confirma.

La llegada del ferrocarril destruyó ciertos trabajos, pero creó miles más en construcción, fabricación de todo el material rodante, operación y mantenimiento. Con la IA ocurrirá lo mismo si su adopción va más allá de la pura eficiencia y se orienta a la reinvención.

Cuando la tecnología se utiliza solo para automatizar, se pierden puestos de trabajo netos, cuando se usa para generar nuevos mercados, se crean empleos y riqueza

La IA aportará muchísima información, pero no ejecución. La IA dominará el conocimiento, pero no el pensamiento. La IA automatizará procesos con las plataformas agénticas, pero se mueve mal en los entornos de incertidumbre. Las personas, sin embargo, somos expertos en ese contexto.

No es el fin del trabajo, es el inicio de una nueva era. Una era que exige valentía, estrategia, regulación justa, mucha educación, pensamiento crítico, colaboración y capacidad de ejecución. Las compañías que entiendan esto y actúen con rapidez liderarán la próxima década.

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