En el universo hay momentos casi imperceptibles que lo cambian todo. Un ejemplo está en nuestra propia historia planetaria: durante millones de años el oxígeno producido por las cianobacterias se fue acumulando en la Tierra lentamente hasta que llegó un punto -se llama la Gran Oxidación– en el que la concentración y las proporciones de otros gases fueron las adecuadas para que la vida en la Tierra se disparase.
Todos hemos vivido alguna vez ese punto de inflexión en el que algo que llevaba años preparándose de repente cobra sentido. España está justo ahí, en este momento tecnológico.
Durante años hemos hablado de inteligencia artificial, de computación cuántica, de transformación digital. Hoy, por primera vez, las piezas empiezan a alinearse y a generar luz propia: proyectos reales, infraestructuras tangibles y talento capaz de activarlas.
Y dentro de ese orden que empieza a formarse, se ve algo importante: hoy, la IA y la computación cuántica ya no progresan en paralelo, sino que se alimentan mutuamente. Y esa combinación abre una etapa distinta.
IA, cuántica y computación de alto rendimiento
La inauguración en San Sebastián del primer IBM Quantum System Two operativo de Europa es una prueba de ello. No es solo un logro científico, es un punto de inflexión para todos. Este hito representa la transición de años de investigación a una infraestructura real al servicio de la ciencia, la industria y la innovación.
El sistema incorpora un procesador Heron de 156 qubits, operando a temperaturas cercanas al cero absoluto, está instalado en un edificio abierto a la ciudad, visible desde la propia calle. Una elección que refleja la voluntad de que esta tecnología forme parte del tejido económico y científico del país, de manera accesible, contribuyendo a desarrollar un ecosistema sólido alrededor de la computación cuántica en España y en Europa.
En paralelo, Andalucía ha puesto en marcha el Centro de Innovación de Tecnologías Exponenciales en Granada, combinando IA, cuántica y computación de alto rendimiento para acelerar la investigación y formar talento especializado, con IBM como socio clave.
Además, en Valencia este año hemos puesto en marcha un Centro de Digital Sales, un espacio diseñado para acelerar la adopción de tecnologías en todo EMEA y, sobre todo, un puente entre el talento español y el mercado europeo. Un ejemplo de que España no solo puede competir, sino liderar en la creación de ecosistemas en los que el talento crece y se proyecta más allá de nuestras fronteras.
Hoy, la IA y la computación cuántica ya no progresan en paralelo, sino que se alimentan mutuamente, y esa combinación abre una etapa distinta
Entre los muchos proyectos que hoy demuestran cómo la tecnología empieza a integrarse en problemas reales, hay tres que me gustaría destacar.
El primero es el trabajo del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), que está aplicando IA para avanzar en la investigación en fusión nuclear. El segundo es el de HSBC, que ha mostrado cómo la computación cuántica puede aportar ventajas competitivas en procesos financieros complejos, alcanzando hasta un 34% más de acierto en la predicción de operaciones de bonos. Y el tercero es el de la NASA, que junto con IBM ha entrenado modelos de IA capaces de anticipar fenómenos solares que pueden afectar a infraestructuras críticas en la Tierra y en el espacio.
Tres necesidades muy distintas y un mensaje común: la IA y la computación cuántica generan valor cuando resuelven un problema concreto y se integran realmente en los procesos.
A punto de cumplir un siglo en España, sabemos que la tecnología cambia. Siempre lo ha hecho. Lo que permanece es la responsabilidad de acompañar ese cambio con criterio, con propósito y con visión de largo plazo.
No estamos ante un capítulo más, sino ante ese instante en que todo lo acumulado empieza a reorganizarse y a emitir una señal distinta. Es el momento en el que la luz todavía no deslumbra, pero ya anuncia lo que está por venir.








