Lejos de grandes eventos disruptivos e inesperados, 2026 se perfila como el año en que numerosos riesgos, largamente advertidos, comiencen a hacerse efectivos en aquellas organizaciones que han optado por ignorarlos. Así lo sostiene Sergi Simón, coordinador de los programas de Gestión de Riesgos y Sostenibilidad de EALDE Business School, quien identifica cuatro grandes ámbitos de riesgo que deberían estar en la agenda de cualquier comité de dirección: geopolítica, sostenibilidad, inteligencia artificial y talento.
“Más que enfrentarnos a cisnes negros, estamos rodeados de serpientes de cascabel. Son riesgos que llevan tiempo anunciándose y que solo acaban impactando a quienes deciden no atenderlos”, explica Simón. En su diagnóstico, estos factores no operan de forma independiente, sino que se refuerzan entre sí y condicionarán la capacidad de adaptación y competitividad de las organizaciones en el corto y medio plazo.
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Geopolítica: de variable externa a eje estratégico
La geopolítica ha dejado de ser un ruido de fondo para convertirse en un elemento estructural de la estrategia empresarial. El acceso a la energía, las materias primas, la tecnología, los datos o la estabilidad de las cadenas de suministro está cada vez más influido por decisiones políticas, sanciones económicas y marcos regulatorios fragmentados.
“El gran error en 2026 será seguir diseñando estrategias como si el contexto global de hace una década fuera a regresar”, advierte el responsable académico de EALDE Business School.
Sostenibilidad: de obligación normativa a ventaja competitiva
En el ámbito de la sostenibilidad, muchas empresas continúan abordándola desde una lógica puramente regulatoria. Sin embargo, los límites ambientales —clima, agua, disponibilidad de recursos— y los desafíos sociales —desigualdad, envejecimiento demográfico, flujos migratorios— la están transformando en un factor crítico para la continuidad del negocio.
“Hablar de sostenibilidad no es hablar solo de impacto ambiental, sino de resiliencia. Las organizaciones que utilicen los criterios ESG para repensar su modelo de negocio estarán en mejor posición en un entorno de mayor escasez y presión social”, señala Simón.
Inteligencia artificial: oportunidad y riesgo sistémico
La adopción acelerada de la inteligencia artificial está generando importantes gains de eficiencia, pero también abre nuevos frentes de riesgo. Desde EALDE Business School alertan sobre el uso poco riguroso de estas herramientas en procesos críticos y sobre la creciente exposición a sesgos, errores automatizados y ciberamenazas.
“La IA actúa como un multiplicador: potencia tanto las buenas decisiones como los fallos de gobernanza. En 2026 no será suficiente con incorporar IA; será imprescindible demostrar que se gestiona de forma responsable”, subraya el experto.
Talento: una tensión silenciosa pero creciente
El cuarto gran vector de riesgo es el talento, entendido no solo como dificultad para cubrir determinados perfiles, sino como una brecha cultural y generacional cada vez más visible. Conviven expectativas divergentes en torno al propósito, la flexibilidad y el liderazgo con estructuras organizativas que apenas han evolucionado, generando fricción interna y pérdida de compromiso.
“El verdadero desafío no será la falta de profesionales cualificados, sino la resistencia a transformar los modelos de liderazgo”, apunta Simón.
Atender las señales
En conjunto, desde EALDE Business School concluyen que la gestión de riesgos en 2026 no estará centrada en anticipar eventos extraordinarios, sino en interpretar y actuar sobre señales que ya son evidentes.
“No será el año del colapso repentino, sino el momento en que se evidencie quién ha sabido escuchar y quién ha preferido mirar hacia otro lado”, concluye Sergi Simón.









