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Los bancos europeos tendrán que hacer frente a 415.000 millones de euros

Los bancos aumentan las capacidades de gestión de crédito para ayudar a las pequeñas empresas y a los consumidores a resistir el impacto financiero de la pandemia mundial.

A medida que los países pasen del estímulo público a la deuda privada para reducir el impacto de la COVID-19 en el sistema financiero, la carga de mantener la economía en funcionamiento recaerá en gran medida en los prestamistas privados. De hecho, los bancos europeos reservarán hasta 415.000 millones de euros para cubrir posibles pérdidas crediticias en 2020 debido a la tensión financiera de la pandemia, según un nuevo informe de Accenture.

El estudio, titulado "Cómo los bancos pueden prepararse para la inminente crisis crediticia", señala que los bancos a nivel mundial reservarán hasta el 2,4% de sus créditos para cubrir las pérdidas en préstamos impagados, casi el doble de lo que estas entidades cancelaron durante la crisis global financiera de 2008. El impacto variará en todo el mundo dependiendo del nivel de los programas de estímulo financiados por los gobiernos y de la situación de salud pública. En el Reino Unido, se pospusieron los pagos para una de cada seis hipotecas y para 1,5 millones de tarjetas de crédito y préstamos personales. En Estados Unidos, alrededor del 9% de los préstamos hipotecarios estaban parados en junio, seis puntos porcentuales por encima de los datos de marzo.

"Los bancos desempeñarán un papel fundamental para ayudar a absorber el impacto económico de la pandemia mundial y estimular una recuperación rápida para los consumidores y las pequeñas empresas", afirma Alan McIntyre, senior managing director de Banca de Accenture a nivel mundial. "A medida que los programas públicos disminuyan, la carga de mantener capital adicional para protegerse contra los impagos de créditos recaerá en los balances de los bancos. Para elaborar sus estrategias de gestión de crédito, estos necesitarán de una visión clara basada en datos sobre el nivel actual de riesgo crediticio mientras mantienen una estrategia a largo plazo con sus clientes".

En 2019, los bancos europeos reservaron 80.000 millones de euros para cubrir posibles pérdidas crediticias; Accenture estima que los bancos necesitarán mantener entre 265.000 millones y 335.000 millones adicionales para cubrir posibles cancelaciones de préstamos que no se podrán cobrar en 2020, dependiendo de la situación en la que se encuentre la salud pública por la COVID-19. En Estados Unidos, los bancos podrían cancelar hasta 320.000 millones de dólares en 2020, un aumento de 265.000 millones desde 2019; y en China, los bancos podrían cancelar hasta 360.000 millones de dólares este año, un aumento de 190.000 millones desde 2019.

En una economía cada vez más impulsada por la deuda, los bancos se enfrentan a la gestión de sus préstamos existentes, al tiempo que toman decisiones sobre la extensión de nuevos créditos. El informe señala que hacerlo podría llevar a niveles récord de deuda pública y privada en todo el mundo, y algunos analistas predicen que se podrían alcanzar los 200 billones de dólares para finales de 2020. Esto podría amenazar la capacidad de las empresas y de los consumidores para pagar sus deudas.

Los grandes bancos se encuentran en una posición de fortaleza frente a la pandemia

Muchos bancos entraron en la pandemia con la capacidad de poder absorber considerables pérdidas crediticias. Los mayores del mundo hicieron reservas de capital muy por encima de lo que requieren los reguladores, según el análisis de Accenture. El informe señala que los cinco principales bancos estadounidenses reservaron 60.000 millones de dólares durante el primer semestre del año y que los bancos europeos reservaron casi 18.000 millones de dólares , sólo en el primer trimestre de 2020. Estas reservas comenzarán a reducirse conforme los fondos se vayan agotando, lo que hará que muchas cuentas se vuelvan morosas.

"Los bancos tendrán que maniobrar con cuidado para lograr el equilibrio adecuado entre rescatar clientes individuales y pequeñas empresas y proteger su propia rentabilidad y solvencia", afirma McIntyre. “Esto requerirá decisiones difíciles en torno a qué extensiones de crédito ayudarán a un cliente financieramente viable en lugar de retrasar la inevitable morosidad. Para tomar estas decisiones, los bancos pueden aplicar todo su arsenal de datos y análisis que han ido desarrollando durante la última década con el fin de ayudar a informar sobre las estrategias de gestión del crédito adaptadas a industrias y geografías específicas, proporcionando el tipo de tratamiento de alta gama reservado para clientes corporativos y de alto patrimonio”.

El punto ciego temporal de los bancos está en la gestión de crédito

El estudio señala, asimismo, que en un entorno donde los pagos pospuestos no se reflejan en la situación crediticia de los consumidores y la salud de una empresa está enmascarada por esquemas de protección de permisos y nóminas, los bancos pueden adoptar un enfoque basado en datos para administrar su cartera de crédito. Este enfoque puede proporcionar un contexto más amplio del entorno actual y de cómo han cambiado los comportamientos de las empresas y los consumidores como resultado de la COVID-19.

Durante la última década, las unidades de gestión de crédito de los bancos han sufrido significativamente. Muchos bancos necesitarán ampliar los recursos y las capacidades de cobro a una magnitud más allá de lo que tradicionalmente pueden manejar para cumplir con los crecientes niveles de incumplimiento esperados. Al combinar las tecnologías digitales que han construido con su personal en primera línea, los bancos pueden proporcionar asesoramiento personalizado y orientación para ofrecer soluciones creativas para ayudar a los clientes a cerrar una brecha financiera cada vez mayor.

El estudio incluye también recomendaciones sobre cómo los bancos pueden fortalecer sus capacidades de gestión de crédito y preparar sus negocios y operaciones para los desafíos que se avecinan, al tiempo que gestionan prioridades potencialmente conflictivas:

  • Comprometerse con los reguladores para evitar/ minimizar las consecuencias no deseadas, como la falta de crédito nuevo.
  • Operar con una orientación clara y transparente sobre cobros y recuperación.
  • Garantizar un trato justo para los prestatarios y, al mismo tiempo, tener una visión clara de la solvencia de los clientes.
  • Administrar el riesgo del balance general, al tiempo que se brinda asesoramiento que ayuda a las empresas y a los consumidores a navegar a través de la crisis financiera.

"Si bien puede ser tentador para los bancos retroceder en la extensión del crédito nuevo en el entorno actual, la demanda de crédito aumentará y estará bien vista, no solo por los bancos, sino también por los prestamistas no tradicionales", comenta McIntyre. “La competencia no proviene solo de las fintech y la grandes tecnológicas, sino que cada vez más proviene de las grandes empresas bien capitalizadas que ofrecen opciones financieras para sus productos y servicios. Si los bancos intentan reducir las ofertas de crédito, lo que podría comenzar como un lento goteo de clientes que recurren a prestamistas alternativos podría convertirse rápidamente en cambios drásticos del ecosistema de los préstamos”.

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