Simplificar, automatizar y agilizar: las claves para crear valor en las empresas

Cathy Mauzaize, vicepresidenta para el sur de EMEA de ServiceNow.

Publicado el 21 Mar 2023

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Vivimos en un momento económico, político y social incierto. Si bien las previsiones para las tasas de crecimiento en 2023 en la zona euro ahora son ligeramente más positivas de lo esperado, la inflación sigue siendo muy elevada y el encarecimiento de la energía y las materias primas persiste como un serio problema para el conjunto de la economía. En clave empresarial, esta incertidumbre se traduce en una presión constante para las organizaciones, que se enfrentan a la necesidad de establecer nuevos retos y de tomar decisiones complejas para seguir siendo competitivas en un contexto muy fluctuante.

Se trata de un asunto que abarca la estrategia empresarial desde múltiples perspectivas, y que afecta también a la forma de trabajar y a la capacidad de gestionar de manera cada vez más rápida, segura y eficiente los procesos de negocio de los diferentes departamentos. En este sentido, a raíz de la pandemia se ha hablado mucho de la aceleración de la transformación digital de las empresas para acometer cambios necesarios en la forma de trabajar, pero poco sobre la importancia de la flexibilidad de las tecnologías que se adoptan. Esta característica es clave para que las empresas puedan seguir adaptándose ante un futuro cada vez más cambiante.

No es baladí que una de las principales preocupaciones sea el nivel de agilidad de las soluciones y sistemas implantados, pues es imprescindible para gestionar de manera eficiente y fluida esos procesos de trabajo en constante transformación. La razón es que las herramientas elegidas no siempre están diseñadas para una respuesta fácil y a corto plazo a los cambios. Esta adaptación implica un proceso en cadena, de manera que una digitalización que se asienta en herramientas complejas y compartimentadas dificulta la implementación de nuevos procesos operativos, además de incrementar el riesgo de fallos y errores, para ralentizar, en definitiva, cualquier paso para redefinir objetivos, aplicar cambios y conseguir nuevos resultados.

Para evitar este círculo vicioso, son tres los elementos que marcan la diferencia a la hora de hablar de una digitalización empresarial más eficiente, productiva y flexible: simplificar las experiencias, mejorar la automatización y aumentar la agilidad. Estos tres factores son críticos para activar y moldear las operaciones, acomodarlas a nuevos retos, reducir costes y mejorar la satisfacción de clientes y empleados.

En primer lugar, simplificar las experiencias es crucial para la competitividad. Solo a través de experiencias más sencillas e intuitivas para sus trabajadores, las organizaciones pueden aprovechar todo el potencial de su plantilla, atraer y retener talento y aumentar el rendimiento. Aquí es donde una tecnología avanzada, que sea fácil de usar y que proporcione experiencias más unificadas a toda la plantilla, es clave para que los empleados puedan trabajar de forma más inteligente; lo cual revierte en una mejora de las experiencias de los clientes y en el incremento de la productividad.

La mejora de la automatización apostando por objetivos más estructurados es otro de los elementos esenciales para seguir la senda del crecimiento. Las organizaciones están redefiniendo sus prioridades de inversión tecnológica, donde el tiempo de retorno de inversión es ahora una variable más relevante para evaluar el éxito de cada proyecto. Para ser competitivas, las empresas necesitan más automatización de procesos y mejor, porque así llevarán sus modelos de negocio a otro nivel para conseguir elevar los ingresos, diferenciarse e incrementar su capacidad de crear valor añadido. Aun así, no todo vale y la inversión en automatización y digitalización, para ser realmente eficiente, no puede ser un proceso generalizado y que abarque a todas las tareas. Eso requeriría mucho más tiempo de implementación y unos costes más elevados. Todo lo contrario: el mejor resultado está en focalizar la automatización en aquellos procedimientos que aporten más valor añadido y un rápido retorno de inversión.

Finalmente, el tercer factor a tener en cuenta para una trasformación digital acertada —no por eso menos importante— es la agilidad empresarial, entendiéndola como la capacidad de las empresas de innovar más fácilmente, en modo flexible y a niveles de escala. Cada vez es más difícil para las organizaciones predecir lo que ocurrirá, incluso a corto plazo, así que la planificación tradicional basada en previsiones a más tiempo, está siendo progresivamente remplazada por criterios más adaptables. Por lo tanto, el concepto de agilidad está muy ligado a la tecnología y a sus avances, ya que influyen profundamente en la capacidad de las empresas de modificar sus modelos de negocio y responder, en tiempo, a nuevos retos. Esto requiere que las empresas dispongan de herramientas que funcionen de forma transversal en la organización, e incluso en su cadena de valor, y que les ayuden a entender mejor el contexto en el que se mueven y las necesidades que puedan surgir, para adaptarse rápidamente a los cambios, operar de forma más eficiente y gestionar de manera rápida y proactiva los crecientes riesgos, sean operativos, cibernéticos u otros.

Más aún, diría que la agilidad debería interiorizarse como una cualidad que trasciende lo tecnológico. Porque la clave es que las empresas no solo se centren en adoptar sistemas ágiles sino también en transformarse ellas mismas en estructuras ágiles. Y esta es una postura retadora cuando el contexto actual exige la revisión constante de los modelos de negocio, los riesgos y la celeridad en la toma de decisiones. Pero aspirando a ser ágiles, las empresas, al unísono, estarán contribuyendo a la digitalización del conjunto de la economía para, en línea con el espíritu de las agendas digitales de la UE y de España, aprovechar plenamente las nuevas tecnologías para alcanzar crecimientos más intensos, sostenidos, de calidad y con mayor productividad.

La compañía química y de energía Sasol aceleró en 2020 la transición a un nuevo modelo operativo para simplificar, optimizar y estandarizar los procesos. Sasol calcula que esta transformación le permitirá ahorrar miles de millones de dólares y que el tiempo promedio para lanzar un nuevo producto ha pasado de dos o tres semanas a tan solo minutos. Este es un gran ejemplo de agilidad del que estoy convencida de que cada vez veremos más casos en todos los mercados y sectores. Por todo esto, de aquí en adelante, simplificar, automatizar y agilizar serán las acciones clave para el éxito empresarial porque, pese a la compleja etapa que atravesamos, la trasformación digital está destinada a seguir creciendo. De estos tres conceptos depende que las organizaciones sean capaces de optimizar su rendimiento y seguir siendo competitivas en un mundo que cambia velozmente.

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Redacción

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