OPINIÓN

Tendencias en España en el mercado de TI para 2016



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La sostenibilidad digital deja de ser un objetivo estratégico para convertirse en una obligación regulatoria directa en 2026

Publicado el 9 feb 2026

José Antonio Cano

Director de Análisis y Consultoría de IDC



José Antonio Cano, IDC.
José Antonio Cano, IDC.

Mercado TI en España en 2025

El mercado de TI en España cerrará 2025 con 62.458 millones de euros, un crecimiento del 6,6% respecto a 2024 y plenamente alineado con la senda prevista para el periodo 2026-2028, cuyo CAGR estimado se sitúa en el 5,8%. Este contexto de expansión sostenida coincide con un cambio de etapa claro: la digitalización deja de ser un proyecto para convertirse en un auténtico sistema operativo corporativo que exige continuidad, medición real de productividad y una gestión rigurosa del riesgo.

A medida que avanzamos, el mercado tecnológico español muestra un grado de madurez diferente. La presión regulatoria crece, la inteligencia artificial se integra de forma transversal en procesos y decisiones, la nube entra en una fase marcada por la eficiencia y la optimización, los datos requieren gobernanza avanzada, la ciberseguridad se ve fortalecida y endurecida por NIS2, y el talento experimenta una transición acelerada hacia capacidades aumentadas por IA. Este artículo sintetiza las tendencias que definen este año 2026, apoyándose en evidencias del ecosistema español e información contrastada a nivel europeo y global.

En 2026, las compañías españolas evolucionarán desde arquitecturas centradas en almacenamiento hacia arquitecturas centradas en responsabilidad, donde cada dataset tendrá un propietario, un propósito, un nivel de riesgo y un modelo de acceso definido

JOSÉ ANTONIO CANO, IDC

En este punto de madurez, 2026 está definido por seis tendencias clave que actuarán como ejes vertebradores de la inversión y la evolución tecnológica. La nube avanzará hacia arquitecturas híbridas y multicloud centradas en eficiencia, optimización y soberanía del dato; los datos reforzarán su papel estratégico con nuevas exigencias de gobernanza y calidad derivadas del AI Act; la inteligencia artificial entrará en una fase de industrialización, dejando atrás los pilotos para consolidarse como capacidad transversal en desarrollo, automatización y toma de decisiones; la ciberseguridad elevará su nivel de exigencia con la aplicación directa de NIS2 y la necesidad de integrar resiliencia operativa; el puesto de trabajo experimentará una transición acelerada hacia modelos aumentados por IA y dinámicas de upskilling y reskilling continuo; y la sostenibilidad digital reforzará su protagonismo con nuevos requisitos de eficiencia y reporte derivados de la CSRD, del Reglamento Delegado sobre centros de datos y del RD 214/2025, que introduce criterios adicionales para la gestión responsable de infraestructuras tecnológicas en España. Estos seis ejes, profundamente interrelacionados, marcarán la agenda tecnológica del próximo año y condicionarán la competitividad de las organizaciones en el nuevo ciclo.

Cloud híbrida y multicloud como palancas de eficiencia, soberanía y preparación para IA

La nube entra en 2026 en una fase distinta, más madura y exigente. Tras un ciclo prolongado de migraciones, las organizaciones españolas se orientan ahora hacia un modelo híbrido y multicloud donde la prioridad ya no es mover cargas, sino optimizar, gobernar y dimensionar correctamente la infraestructura que permitirá escalar la inteligencia artificial. El mercado sigue creciendo a ritmo sólido superando los 7.000 millones de euros en 2025, según datos de IDC, que sitúan el crecimiento del gasto en servicios cloud, pero con un patrón de inversión mucho más disciplinado y orientado a valor.

El principal cambio para 2026 es la transición desde una nube centrada en capacidad a una nube centrada en eficiencia, soberanía y resiliencia. Las compañías combinan nubes públicas, privadas y edge para equilibrar costes, rendimiento, residencia del dato y cumplimiento regulatorio. Las plataformas multicloud pasan a ser la norma, no la excepción, y las arquitecturas distribuidas se consolidan como base para ejecutar modelos de IA generativa, análisis avanzados y servicios intensivos en datos.

El crecimiento sostenido del IaaS (24% en 2026 respecto a 2025, con una proyección que supera los 2.076 millones en 2027) confirma esta tendencia. La demanda de infraestructura preparada para IA, con aceleradores especializados y capacidades de cómputo elástico, seguirá siendo un impulsor clave entre 2026 y 2028. En paralelo, las organizaciones avanzan hacia prácticas FinOps para gestionar un entorno donde los costes son dinámicos, variables y sensibles a la disponibilidad de GPU y recursos de alto rendimiento. Esta presión es tan significativa que el 54 % de las empresas ya se plantea subcontratar la función de FinOps, incorporándola como un servicio especializado para controlar consumo, optimizar arquitectura y asegurar el retorno económico de la nube en un contexto multicloud cada vez más complejo.

La seguridad en entornos cloud se vuelve crítica. NIS2 introduce obligaciones estrictas de gestión de riesgos, continuidad y trazabilidad que impactan directamente en los modelos de prestación de servicios cloud y en la relación con proveedores. Según diversos análisis de mercado citados por IDC y Gartner, las empresas están acelerando la adopción de plataformas unificadas de protección, detección y respuesta, junto con prácticas de gestión de configuración y segmentación automatizadas, para asegurar entornos híbridos cada vez más complejos.

La nube se convierte así en un activo estratégico, fundamental para habilitar la IA, sostener el crecimiento del dato, mejorar la eficiencia y garantizar la continuidad operativa. Las organizaciones que construyan arquitecturas híbridas coherentes (alineadas con criterios económicos, regulatorios y de seguridad) serán las que obtengan ventajas reales en el nuevo ciclo tecnológico 2026–2028, tal como anticipan las principales firmas de analistas globales.

Datos y gobernanza reforzada: del almacenamiento a la trazabilidad exigible por la AI Act

La gestión del dato entra en 2026 en una fase completamente distinta. Ya no basta con almacenar, integrar o visualizar; ahora el dato debe ser trazable, verificable y gobernado de extremo a extremo, porque la inteligencia artificial solo aporta valor si los datos que la alimentan cumplen con criterios estrictos de calidad, coherencia, seguridad y uso responsable. La incorporación del AI Act introduce un salto normativo que obliga a las organizaciones españolas a elevar sus estándares de gobierno del dato muy por encima del nivel tradicional de cumplimiento.

IDC y Gartner coinciden en que los principales cuellos de botella para escalar IA no son los modelos, sino la calidad del dato, el linaje, la preparación de los conjuntos de entrenamiento y la ausencia de políticas formales de MLOps y DataOps. El AI Act, que fija obligaciones diferenciadas para sistemas de alto riesgo, modelos de propósito general (GPAI) y contenido generado por IA, exige documentación técnica, explicabilidad, registros auditables, gestión de sesgos y evidencia de calidad del dato en cada fase del ciclo de vida. Esto convierte la gobernanza en un requisito estructural.

La publicación por parte de la AEPD de su guía sobre datos sintéticos refuerza esta transición. El uso de datos generados artificialmente para entrenar modelos sin comprometer privacidad se consolidará como herramienta habitual para equilibrar innovación y cumplimiento. Las organizaciones avanzadas ya están incorporando catálogos vivos, automatización de linaje, clasificación inteligente y políticas basadas en dominio para garantizar que cada dato es utilizable, seguro y regulatoriamente válido.

En 2026, las compañías españolas evolucionarán desde arquitecturas centradas en almacenamiento hacia arquitecturas centradas en responsabilidad, donde cada dataset tendrá un propietario, un propósito, un nivel de riesgo y un modelo de acceso definido. Esta madurez permitirá acortar el ‘time-to-insight’, reducir errores en modelos y habilitar despliegues de IA más rápidos y con mayor retorno.

Inteligencia artificial industrializada

La IA se enfrenta en 2026 a la etapa de industrialización. Tras dos años marcados por pilotos, pruebas de concepto y uso experimental de modelos generativos, las organizaciones españolas se enfrentan ahora al reto de integrar la IA de manera nativa en procesos, aplicaciones y modelos operativos, todo ello bajo un marco regulatorio exigente y con la necesidad de establecer métricas claras de retorno.

Analistas como IDC o Gartner afirman que ya hemos superado la fase de curiosidad tecnológica, adoptando pilotos corporativos. Ahora el foco se desplaza desde “probar modelos” a “desplegar IA que mejore productividad, calidad y velocidad de ejecución”.

Sin embargo, este cambio coincide con la entrada en vigor progresiva del AI Act, que introduce obligaciones inéditas para modelos de alto riesgo, sistemas de propósito general (GPAI) y contenido generado por IA. A partir de 2026, las empresas deberán demostrar trazabilidad de modelos, gestión de riesgos, documentación técnica, supervisión humana adecuada, control de sesgos y etiquetado claro cuando la IA interviene en la generación de contenido o decisiones automatizadas. Esto obliga a repensar el ciclo de vida completo de los modelos y consolidar prácticas de MLOps, gobernanza del dato y auditoría continua.

La expansión de la IA también incrementa el consumo de cómputo y la necesidad de infraestructuras preparadas para modelos intensivos, lo que refuerza el papel estratégico de la nube híbrida y del edge. Por tanto, el uso de GPU específicas para cargas de IA, aceleradores especializados y arquitecturas distribuidas serán imprescindibles para escalar casos de uso reales sin comprometer rendimiento ni coste.

2026 será, por tanto, el año en el que la IA se mida por impacto y cumplimiento, no por volumen de pilotos. Las organizaciones que desarrollen capacidades internas de gobierno, ingeniería y explotación de modelos, y que integren IA en la operativa diaria con los controles que exige el marco europeo, serán las que capturen valor real y sostenido en este nuevo ciclo.

Ciberseguridad adaptativa y resiliencia operativa

La combinación de un entorno de amenazas cada vez más sofisticado (impulsado por el uso ofensivo de IA, ataques a la cadena de suministro y explotación de servicios cloud) y la entrada en vigor de NIS2 transforma por completo el nivel de preparación que deben demostrar las organizaciones. Ya no se trata solo de proteger sistemas, sino de garantizar resiliencia operativa, continuidad, trazabilidad y gobernanza del riesgo con la misma disciplina que cualquier otra

función crítica del negocio. En este sentido, el mercado de ciberseguridad en España acompaña esta tendencia, alcanzando los 3.068 millones de euros en 2026 (un 12,4% de crecimiento respecto de 2025) y un crecimiento acumulado a 2027 del 12,7%.

NIS2 introduce un salto regulatorio que afecta a miles de organizaciones españolas clasificadas como entidades esenciales o importantes, y también a todas aquellas que prestan servicios o actúan como proveedores críticos de la Administración pública, dado que quedan sometidas a obligaciones reforzadas al formar parte de su cadena de suministro.

Este nuevo escenario acelera la transición hacia plataformas unificadas de protección, detección y respuesta, capaces de operar en entornos híbridos y multicloud y de incorporar análisis impulsado por IA para anticipar comportamientos anómalos. La integración entre seguridad, operaciones y continuidad de negocio se vuelve esencial.

En 2026, la ciberseguridad será un indicador directo de madurez y confiabilidad. Las organizaciones que integren NIS2 en su estrategia, profesionalicen la gestión de riesgos, automaticen detección y respuesta y fortalezcan su resiliencia operativa serán las que puedan competir en un entorno donde seguridad, continuidad y confianza digital son condiciones indispensables para operar.

Puesto de trabajo aumentado y transición acelerada del talento digital

La incorporación de la IA generativa en herramientas corporativas, flujos de trabajo y procesos operativos está modificando la naturaleza del trabajo del conocimiento, acelerando la transición hacia un modelo en el que el profesional opera aumentado por copilotos, automatización cognitiva y analítica avanzada. Esto lleva consigo el desplazamiento hacia capacidades y competencias relacionadas con IA aplicada, datos, automatización y ciberseguridad. Este cambio obliga a las organizaciones a adoptar un modelo de aprendizaje permanente, donde la capacidad para colaborar con sistemas de IA y comprender su funcionamiento se convierte en un componente crítico del desempeño y obliga a las empresas a adoptar estrategias de reskilling continuo como mecanismo central para sostener la competitividad.

Las nuevas obligaciones del AI Act en materia de transparencia, supervisión humana y uso responsable de sistemas de IA, implica que los profesionales deberán trabajar en entornos donde se exige un nivel superior de responsabilidad, criterio y dominio de herramientas aumentadas. No se trata solo de utilizar IA, sino de hacerlo con gobernanza, con trazabilidad y con una comprensión clara del impacto en procesos y decisiones.

Por ello, el puesto de trabajo será híbrido en el sentido digital (impulsado por plataformas en la nube, automatización y copilots integrados) y cognitivo (nuevos modelos de productividad basados en colaboración humano-IA).

Sostenibilidad digital y eficiencia regulada: centros de datos, reporting y el impacto del RD 214/2025

La sostenibilidad digital deja de ser un objetivo estratégico para convertirse en una obligación regulatoria directa en 2026, por lo que no se puede abordar de manera aislada sino integrarla en la toma de decisiones, la arquitectura tecnológica y la gestión de los datos. El marco normativo europeo y español introduce requisitos que impactan de forma transversal en infraestructuras, operaciones, ciclo de vida del software, modelos de IA y contratos cloud.

La directiva europea CSRD obliga ya (lo hará entre 2026 y 2029) a miles de empresas españolas a reportar bajo los estándares ESRS, incorporando métricas detalladas sobre emisiones, consumo energético, impacto ambiental de sus sistemas digitales y estrategias de mitigación. Esta regulación convierte ya a los proveedores de TI en proveedores clave de datos para las empresas en relación con reporting corporativo, y exige trazabilidad, granularidad y medición continua de activos on premise, cloud y edge.

En paralelo, el avance de las obligaciones europeas en materia de sostenibilidad tecnológica refuerza la necesidad de una gestión más responsable de los recursos digitales. En marzo de 2025 se aprobó el RD 214/2025, que actualiza el marco nacional e introduce requisitos adicionales en planificación energética, eficiencia operativa y transparencia en el uso de recursos vinculados a la infraestructura tecnológica. Su impacto se notará en la evaluación de nuevas inversiones y en la operación diaria de los entornos TI, pero también en la Administración Pública, que deberá incorporar criterios de sostenibilidad, eficiencia e impacto energético en sus procesos de compra, en la contratación de servicios digitales y en la relación con proveedores tecnológicos. Esto exigirá mayor trazabilidad del consumo, métricas verificables de eficiencia y planes de optimización alineados con los objetivos nacionales de descarbonización. El RD refuerza asimismo la obligación de que los proveedores que trabajan con el sector público cumplan estándares más estrictos, lo que elevará el nivel mínimo exigible en concursos, renovaciones de servicios y explotación de infraestructuras críticas.

Por tanto, 2026 marcará un punto de inflexión en el mercado tecnológico español. Todas las tendencias descritas convergen para definir un escenario en el que la tecnología juega un papel fundamental en la vida de las organizaciones. No se trata ya de adoptar soluciones, sino de integrar capacidades, gestionar riesgos y demostrar resultados de forma medible, sostenible y regulatoriamente sólida. Las organizaciones que actúen con anticipación estarán mejor posicionadas para competir en un escenario donde la tecnología es, definitivamente, el nuevo sistema operativo del negocio.

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