La inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro: está entrando en el día a día de las empresas y cambiando la forma en que los profesionales trabajan, colaboran y resuelven problemas. La cuestión ahora es cómo convertir todo ese potencial en una ventaja competitiva real.
Los datos más recientes confirman la velocidad de esta transformación. Según el HP Work Relationship Index 2026, el 47% de los trabajadores encuestados ya utiliza agentes de inteligencia artificial como parte de su trabajo. Además, el 70% de los directivos participantes considera que la experiencia tecnológica de los empleados es un factor diferenciador para las empresas.
Sin embargo, adoptar IA no basta. El reto consiste en integrarla en los procesos cotidianos y proporcionar a los equipos las herramientas adecuadas para aprovecharla. De hecho, el estudio de McKinsey The State of AI in 2025 revela que, aunque el 88% de los encuestados afirma que su organización utiliza IA en al menos una función empresarial, solo alrededor de un tercio ha comenzado a escalar sus programas en toda la organización.
En este contexto, contar con dispositivos preparados para las nuevas aplicaciones de inteligencia artificial cobra una importancia estratégica. El rendimiento, la movilidad y la capacidad de ejecutar nuevas herramientas son factores que las empresas deben tener en cuenta al modernizar sus puestos de trabajo.
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