En un contexto marcado por el incremento de los incendios forestales, con cerca de 360.000 hectáreas calcinadas en España durante 2025 y más de 108.000 hectáreas afectadas en lo que va de año, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico compartidos por 1NCE, el sector tecnológico se posiciona como un aliado crítico en la gestión de estas emergencias. Junto al uso de drones y herramientas de inteligencia artificial, la implantación del Internet de las Cosas (IoT) permite reducir en más de un 50% la superficie calcinada gracias a la monitorización en tiempo real.
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Detección ultratemprana y monitorización en tiempo real
La principal aportación de la arquitectura IoT en la lucha contra el fuego reside en su capacidad para transmitir datos de forma continua desde ubicaciones de difícil acceso. Esta infraestructura facilita la detección ultratemprana de anomalías en un intervalo de entre un minuto y una hora tras el inicio del fuego.
El despliegue combina sensores a ras de suelo y cámaras conectadas (convencionales e infrarrojas).
Suelo, temperatura y humedad
Todo es posible, de entrada, gracias al despliegue de sensores a ras de superficie, que pueden medir la temperatura y la humedad ambiental y del terreno en tiempo real y lanzar la voz de alarma en caso de que esos parámetros dejen de ser constantes o sufran cambios bruscos. En ese sentido, la sequedad circundante y del suelo puede ser un indicativo de alerta.
A estos dispositivos se unen cámaras al uso o de infrarrojos conectadas al IoT que transmiten información constantemente, siendo la combinación de ambos una herramienta de eficacia comprobada en la prevención de deflagraciones.
Agua, aire y viento
Más allá del apoyo que puede proporcionar en términos de precaución y de primeros avisos, el Internet de las cosas también ayuda cuando, lamentablemente, el incendio se encuentra activo. Por ejemplo, en la monitorización del estado del agua tras haber recibido ascuas, vegetación quemada y cenizas; así como en el control de la calidad del aire, afectado casi siempre por el humo y por elementos volátiles. En ambos casos, la salud de las personas puede verse perjudicada, con especial incidencia sobre los vecinos de las zonas afectadas y sobre los equipos de extinción.
De igual modo, el IoT se posiciona como uno de los factores determinantes ante uno de los elementos más agresivos de estos siniestros: el viento. Para hacerse una idea de su peligrosidad, basta con recordar que, en tesituras extremas, la velocidad del mismo puede acabar con una superficie equivalente a cinco campos de fútbol por minuto.
Análisis de datos y modelos predictivos
Más allá de la respuesta inmediata ante situaciones de crisis, la recopilación continua de telemetría mediante IoT permite alimentar sistemas de análisis de datos. La consolidación de estos registros facilita la elaboración de modelos meteorológicos comparativos entre estaciones y el establecimiento de patrones predictivos a largo plazo para anticipar riesgos en futuras campañas.





