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La transición postcuántica exige convertir la criptografía en una capacidad permanente


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Las empresas e instituciones deben reducir el tiempo de adaptación de sus sistemas ante una criptografía que deberá cambiar de forma recurrente

Publicado el 22 oct 2026



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El principal reto no es anticipar cuándo llegará un ordenador cuántico capaz de comprometer la criptografía actual, sino reducir el tiempo que necesitan empresas e instituciones para adaptar unos sistemas que deberán cambiar de forma recurrente. La transición postcuántica obliga a las organizaciones a convertir la gestión de su criptografía en una capacidad permanente.

El foco QiC Solutions lo pone en cuánto tiempo necesita una organización para localizar la criptografía que utiliza, conocer qué sistemas dependen de ella y sustituirla sin afectar a la operativa. En la misma línea, el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, ha destacado en la inauguración del ENISE la relevancia de la ciberseguridad cuántica frente a los nuevos desafíos digitales. El problema no es cuándo llega el ordenador cuántico, sino cuánto tardamos en cambiar.

La hoja de ruta coordinada de la Unión Europea establece que los Estados miembros deben iniciar la transición hacia la criptografía postcuántica antes de finalizar 2026 y que los casos de uso de mayor riesgo deben estar migrados, como muy tarde, a finales de 2030. Este calendario se ve impulsado por normativas sectoriales como DORA, que exige a las entidades financieras integrar el riesgo tecnológico, disponer de políticas documentadas sobre cifrado y gestionar las claves durante todo su ciclo de vida.

Asimismo, los estándares tecnológicos están acortando los márgenes de reacción. Desde el 15 de marzo de 2026, la validez máxima de los certificados TLS públicos se redujo a 200 días, una cifra que bajará a 100 días en marzo de 2027 y a 47 en marzo de 2029. Esto obliga a aumentar la automatización de los procesos de inventario y renovación.

Para abordar esta transformación, el primer paso no es sustituir algoritmos de forma indiscriminada, sino lograr visibilidad sobre certificados, librerías, protocolos y dependencias. Ninguna organización puede cambiar aquello que no conoce, y la primera condición para ser criptoágil es saber qué elementos existen, dónde están ubicados y qué impacto tendría modificarlos.

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