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Se coloca la primera piedra de la planta de chips fotónicos de Vigo



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Óscar López ha colocado la primera piedra de la futura fábrica de chips fotónicos de SPARC en Vigo, un proyecto que aspira a situar a España en la cadena europea de semiconductores y que prevé estar plenamente operativo en 2027

Publicado el 5 feb 2026



Se coloca la primera piedra de la planta de chips fotónicos de Sparc en Vigo

La planta anunciada en Vigo estará dedicada a la fabricación de circuitos integrados fotónicos y a la producción de obleas (wafers) en distintos materiales, con el objetivo de atender una demanda europea al alza. El proyecto se presenta además con un compromiso de impacto medioambiental mínimo, un punto relevante en un sector intensivo en energía y procesos de alta precisión. El apoyo público se articula a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), con una inversión de 17 millones de euros.

SPARC es una compañía española especializada en fotónica integrada: una tecnología que utiliza la luz (fotones) para procesar y transportar información dentro de circuitos, con aplicaciones clave en telecomunicaciones, centros de datos, sensórica, computación avanzada y ámbitos emergentes como la computación cuántica.

¿Cuando lo veremos terminado?

El acto del 30 de enero de 2026 marca el inicio simbólico (y político) de una infraestructura que, según el propio Ministerio y la SETT, ya tiene trabajos en marcha: adjudicación de obras, avance en el diseño de la sala blanca (el corazón de cualquier fábrica de semiconductores) y contratación de responsables técnicos.

La previsión oficial es que la instalación esté plenamente operativa en 2027. En términos industriales, operativa suele implicar no solo edificio terminado, sino procesos validados, equipos calibrados, sala blanca certificada y capacidad de producción estable. En paralelo, el proyecto afirma haber desarrollado prototipos iniciales, un paso necesario para atraer clientes y firmar acuerdos comerciales antes del arranque a escala.

Implicaciones en el empleo y la industria

El primer efecto medible está en el mercado laboral local: se anuncian cerca de 200 empleos directos de alto valor y unos 550 indirectos, cifras relevantes para crear masa crítica de perfiles técnicos (ingeniería, procesos, metrología, calidad, mantenimiento de equipos) y para dinamizar proveedores.

En segundo lugar, el proyecto tiene una lectura industrial: la planta aspira a ofrecer una capacidad teórica de hasta 20.000 obleas al año, lo que reforzaría la presencia española en un eslabón especialmente estratégico (la fabricación) dentro de una cadena de valor dominada por Asia y EE. UU.

La tercera implicación es geopolítica y regulatoria. Unión Europea reconoce desde hace años su dependencia en semiconductores: el Ministerio recuerda que Europa representa menos del 10% de la capacidad mundial, y en ese contexto iniciativas como esta se alinean con la ambición europea de reindustrialización del chip.

Por último, el aterrizaje de una foundry fotónica puede acelerar la innovación aplicada en sectores concretos. En la nota oficial se citan ámbitos como automoción, seguridad, comunicaciones, electrónica de consumo, medicina o computación cuántica. La fotónica integrada es especialmente atractiva por su potencial para mejorar velocidad y eficiencia energética en interconexiones y sistemas de comunicación, un factor cada vez más decisivo en centros de datos y despliegues de redes.

De la contratación pública a la soberanía tecnológica

La puesta en marcha de la planta de chips fotónicos de SPARC encaja con una tendencia clara que muestran los datos de TendersTool: la inversión pública en tecnología en España se está orientando menos a la compra puntual y más a asegurar capacidades estratégicas, mantenimiento e infraestructura crítica. En 2025, las mayores partidas adjudicadas se concentraron en servicios de outsourcing IT, mantenimiento, telecomunicaciones y cloud, lo que refleja una prioridad por garantizar continuidad operativa y autonomía tecnológica. El proyecto de SPARC responde a esa misma lógica, trasladada al ámbito industrial: no se trata solo de innovar, sino de disponer de capacidad productiva propia en un sector clave.

Desde la perspectiva de TendersTool, la planta de Vigo puede leerse como un paso previo (y necesario) para que España y Europa reduzcan su dependencia exterior también en la contratación tecnológica futura. Contar con una foundry fotónica nacional abre la puerta a que administraciones y grandes operadores europeos puedan abastecerse de componentes críticos dentro del mercado comunitario, reforzando criterios de resiliencia, seguridad de suministro y control estratégico que cada vez pesan más en los pliegos públicos. En ese sentido, SPARC no es solo un proyecto industrial: es una pieza coherente con la evolución que ya anticipan los datos de adjudicación pública en TIC.

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