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l año 2025 ha sido singular para Orizon y, consecuentemente, también para el mercado de soluciones y servicios que garantizan el rendimiento y eficiencia de las infraestructuras y aplicaciones tecnológicas de las empresas. Y creo que ha sido singular porque conceptos, tales como el rendimiento del software, la eficiencia de sistemas críticos, incluido el mainframe y el coste oculto de cada instrucción que ejecutan, hasta ahora reservados a las conversaciones con especialistas, han eclosionado y ganan relevancia en las conversaciones con los CEO y los Comités de Tecnología.
Como impulsores de este mercado, hemos constatado que en 2025 la disciplina del rendimiento ya no se sitúa en la periferia de las decisiones tecnológicas y se ha consolidado como vector estratégico para mejorar la eficiencia, ahorrar costes y garantizar la competitividad, una tendencia que, sin lugar a duda, se acentuará en 2026.
Cada vez más compañías comprueban, y de manera práctica, que la complejidad de los entornos híbridos, que obligan a gestionar sistemas mainframes esenciales, bases de datos distribuidas, cargas en la nube y arquitecturas modernas que conviven con componentes de hace décadas, convierten a los errores y a las ineficacias tecnológicas en severos condicionantes, además de económicos, operativos y reputacionales.
Por ello, poder observar, pero también entender y optimizar el comportamiento de las infraestructuras y aplicaciones en medio de esta complejidad es esencial y, no solo para los responsables de la tecnología, sino también para los de la cuenta de resultados.
Este mercado ha madurado o, dicho de otra forma, se ha hecho popular y si hablamos de empresas, una de las razones fundamentales de esa popularidad, es que les ahorramos mucho dinero. Si el mercado toma conciencia y evoluciona, disculpen la inmodestia, de alguna forma los ‘culpables’ somos nosotros y este 2025 también hemos evolucionado, pero, no solo tecnológicamente, sino también culturalmente, en nuestro afán de crear dentro de las organizaciones una auténtica ‘cultura’ del rendimiento.
BOA AI, asistente de proyectos
Ahondando en la idea de que hablar de eficacia tecnológica ya no está reservado a especialistas, en Orizon hemos optado por crear la capacidad de hacerlo de tú a tú, en lenguaje natural. Para ello, hemos lanzado el primer asistente del mundo basado en inteligencia artificial especializado en la mejora del rendimiento tecnológico, BOA AI.
A nuestro juicio, una auténtica novedad en el entorno de las Tecnologías de la Información. Se trata de una herramienta pionera que convierte en conocimiento accesible para cualquier persona todo el conocimiento que hemos acumulado en más de 80 proyectos para asegurar el rendimiento del software crítico de negocio de grandes empresas y organizaciones, entre ellas prácticamente toda la gran banca de nuestro país. Todo ese material lo hemos encapsulado y está disponible en un agente conversacional capaz de dialogar, detectar patrones, contextualizar incidencias y proponer soluciones contrastadas. De hecho, tenemos más de 5.000 recomendaciones para el mercado, simplemente preguntando o chateando con el asistente.
Para nosotros, y creemos que para el mercado en general, esta iniciativa es importante, ya que representa la transición hacia una manera más transparente y comprensible de relacionarse con la tecnología. Permite que la experiencia acumulada no quede confinada en informes o análisis puntuales, sino que se convierta en un recurso vivo, en una inteligencia accesible que acompaña al profesional en tiempo real.
En un sector donde la complejidad crece y el talento especializado escasea, disponer de una herramienta así, integrada además en una tecnología madura y reconocida como BOA, no es un lujo, es una necesidad estructural. También representa un paso más en la validación de un enfoque que durante años defendimos prácticamente en solitario: la idea de que el software, en su ejecución diaria, deja una huella medible que permite analizarlo, corregirlo y mejorarlo para obtener beneficios inmediatos. La incorporación de este asistente abre un espacio nuevo para la automatización inteligente y la prevención temprana de ineficiencias.
Y como siempre hay que concluir mirando al futuro, esta evolución conecta con una preocupación creciente: la del mantenimiento del conocimiento técnico crítico. La falta de relevo generacional en aplicaciones con arquitecturas PL/I, JCL, Cobol, DB2 y también Java, unida a la complejidad de los entornos heredados, amenaza con generar un déficit global de talento capaz de operar sistemas que siguen siendo columna vertebral de la economía digital.
El rendimiento tecnológico, en ese sentido, actúa como un mecanismo de protección: ayuda a mantener bajo control un ecosistema cada vez más heterogéneo y expuesto a riesgos derivados de malas prácticas, integraciones deficientes o sobrecostes que pasan desapercibidos hasta que ya es demasiado tarde.
El camino, al menos para nosotros, es claro. Continuaremos con la expansión e internacionalización de Orizon y basándonos en modelos de colaboración en los que calidad y velocidad tienen el mismo peso. Nuestra tecnología también seguirá evolucionando, con un foco especial en la ampliación de las capacidades predictivas y en la automatización de respuestas. Y, sobre todo, seguiremos trabajando para que el rendimiento sea entendido, no como una cuestión técnica, sino como una disciplina transversal que transforma la manera de mirar y gestionar la tecnología.








