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Prepararse para lo inesperado: Tecnología al servicio de la continuidad



Dirección copiada

Ya se trate de un ciberataque, la caída de un proveedor clave, una negligencia, una decisión que afecte a nivel contractual, o un fenómeno meteorológico extremo; todo imprevisto puede afectar procesos que hasta entonces parecían seguros

Publicado el 7 jul 2026

César Alonso

Director de Consultoría de GlobalSuite Solutions



Continuidad
César Alonso Concejal, Director de Consultoría de GlobalSuite Solutions.

Durante años muchas organizaciones han tratado la continuidad de negocio como un manual que se guarda en un cajón por si acaso, pero las crisis o determinados incidentes no piden permiso ni tocan a la puerta y, ni mucho menos, consultan los procedimientos antes de entrar en escena. Ya se trate de un ciberataque, la caída de un proveedor clave, una negligencia, una decisión que afecte a nivel contractual, o un fenómeno meteorológico extremo; todo imprevisto puede afectar, en cuestión de horas, procesos que hasta entonces parecían seguros, impactando negativamente en la actividad de una organización. 

En un escenario tan cambiante como el actual, lo que los directivos necesitan conocer de antemano es si la empresa está preparada para reaccionar en el caso de que se produzca una interrupción. En clave tiempo, es fundamental tener previsto cuánto se tardará en reaccionar, qué tiempo se va a tener para decidir y, sobre todo, cuándo se recuperará un nivel aceptable de servicio.  

Si nos centramos en el plano tecnológico, el riesgo resulta especialmente evidente. En España, los ciberincidentes se han convertido en la principal preocupación empresarial en 2026. De acuerdo con los datos del último Allianz Risk Barometer, el 48% de los expertos consultados los situó entre los riesgos más relevantes, frente al 31% de 2025. La interrupción del negocio, incluida la disrupción de la cadena de suministro, ocupa además el cuarto lugar, señalada por el 25% de los participantes en el estudio.

A escala global, el informe Data Breach Investigations Report 2026 de Verizon pone de manifiesto que los terceros estuvieron implicados en el 48% de las brechas de seguridad analizadas, casi el doble que el año anterior. Estas cifras muestran que la continuidad de una organización depende no solo de sus propios sistemas, sino también de proveedores, servicios cloud y cadenas de suministro cada vez más interconectadas. Así, y aunque suene paradójico, cuanto más conectada y eficiente sea una compañía, más vulnerable se vuelve a que un fallo en un eslabón de la cadena paralice un proceso esencial. 

Entender el negocio para trazar un plan

Ante situaciones como éstas, es cuando entra en juego la continuidad de negocio, que no pretende vaticinar una catástrofe o el fin del mundo, sino responder a preguntas prácticas del tipo qué actividades son críticas, cuánto tiempo pueden estar paradas, qué recursos necesitan y quién debe liderar la respuesta.

El punto de partida es el Análisis de Impacto en el Negocio (BIA) un ejercicio transversal que distingue lo realmente crítico de lo que simplemente es urgente. Sin esa distinción, la respuesta ante el caos quedará supeditada a la improvisación.

Posteriormente se realizarán análisis de riesgos, establecimiento de planes de continuidad, planes de recuperación, de gestión de crisis y la planificación y ejecución de pruebas.

Aquí es donde la tecnología aporta valor real, pues ayuda a transformar el conocimiento en capacidad operativa. Una plataforma especializada unifica y centraliza riesgos, automatiza flujos de aprobación y ofrece cuadros de mando en tiempo real, evitando que la resiliencia quede en hojas de cálculo dispersas que se desactualizan pasado un tiempo. Digitalizar es rediseñar procesos para conseguir que diferentes áreas trabajen con información coherente y actualizada y, para que esto funcione, las herramientas deben tener como base una gobernanza clara y una cultura compartida e integral.  

Pero todo plan tiene que probarse para no quedarse en hipótesis. Las simulaciones reales revelan las costuras del sistema, muestran si existen copias de seguridad que no se restauran a tiempo o proveedores cuya operativa no cumple el nivel de servicio (SLA) que les exigimos.

La regulación también está elevando el listón. Con la entrada en vigor de normativas como DORA, NIS2 o el RGPD, atrás quedan los tiempos en que el cumplimiento era algo casi “cosmético”. Actualmente, se exigen pruebas de que los controles de continuidad y el riesgo de terceros se gestionan activamente para demostrar resiliencia.

Empresas que ayudan a que los negocios no se paren

Sin embargo, no todas las capacidades asociadas a la resiliencia se encuentran dentro de la propia compañía. Existen organizaciones cuya actividad es precisamente garantizar que la actividad de otros negocios no se detenga: proveedores de plataformas de continuidad de negocio y de servicios gestionados de seguridad, centros de datos resilientes y servicios de recuperación ante desastres ofrecen experiencia, infraestructura y acuerdos de servicio diseñados para mantener operaciones críticas en marcha.

Pero contar con socios especializados no significa delegar la responsabilidad. La dirección sigue teniendo que conocer sus riesgos y debe decidir qué nivel de interrupción puede asumir, fijando de antemano cuánto tiempo puede estar parado cada proceso crítico y cuántos datos puede permitirse perder, lo que en la práctica se traduce en objetivos como el RTO y el RPO. La aportación de estos partners consiste en reforzar las capacidades internas, facilitar las pruebas y aportar recursos difíciles de mantener dentro de la organización. Por eso, deben formar parte del plan de recuperación de negocio.

Pensemos que los planes de continuidad de negocio no evitan los imprevistos, pero sí evitan que cada incidente obligue a la organización a empezar de cero y ponga en riesgo su futuro.

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