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El Gobierno sitúa el dato en el centro de la modernización pública con el nombramiento de Ana Palacios



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El Consejo de Ministros ha nombrado a Ana Palacios Morillo nueva directora general del Dato, un cargo llamado a ordenar uno de los grandes retos de la Administración: convertir la información pública en una herramienta útil para decidir mejor, coordinar políticas y abrir nuevos servicios digitales

Publicado el 26 mar 2026



El Gobierno sitúa el dato en el centro de la modernización pública con el nombramiento de Ana Palacios

El nombramiento de Ana Palacios Morillo fue aprobado por el Consejo de Ministros del 24 de marzo de 2026 dentro de los acuerdos de personal del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. En la referencia oficial de La Moncloa aparece expresamente el real decreto por el que se la designa directora general del Dato.

La trayectoria de la nueva responsable apunta a un perfil poco político y muy técnico. Según la biografía oficial difundida por el Gobierno, es doctora en Química por la Universidad de Sevilla, donde también cursó el máster en Estudios Avanzados en Química y la licenciatura, y completó parte de su formación en la Universidad de Sheffield, en Reino Unido. A ello suma preparación en gestión y control de fondos europeos, prevención del fraude, protección de datos, contratación pública y gestión económico-presupuestaria. Desde 2017 forma parte del Cuerpo de Inspectores del SOIVRE.

Su recorrido en la Administración General del Estado también explica el nombramiento. La Moncloa destaca que ha desempeñado responsabilidades técnicas y de gestión en ámbitos reguladores y de control y que, desde 2024, dirige la Unidad Temporal del Plan de Recuperación en el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, con funciones de coordinación estratégica, seguimiento de proyectos financiados con fondos europeos e interlocución institucional.

Funciones de la nueva directora general del Dato

La relevancia del cargo va más allá del relevo de nombres. La Dirección General del Dato tiene como misión fomentar el uso de datos por las administraciones públicas, las empresas y la ciudadanía, así como impulsar su compartición en espacios de datos interoperables. En otras palabras, se encarga de que la información pública deje de estar fragmentada y pase a tener valor práctico para la gestión pública y para la economía digital.

Entre sus funciones figuran la apertura y reutilización de datos en las Administraciones Públicas, la coordinación de la puesta a disposición de conjuntos de datos de alto valor y el impulso del uso del dato para apoyar la toma de decisiones y la evaluación de políticas públicas. También promueve buenas prácticas y mecanismos de transferencia de conocimiento dentro de la propia Administración.

La utilidad del puesto, por tanto, es clara: una directora general del Dato no solo ordena bases de datos, sino que puede ayudar a que el Estado planifique mejor, mida mejor y corrija mejor. En una Administración cada vez más digital, ese papel resulta decisivo para convertir la información dispersa en políticas más eficaces, servicios más inteligentes y una gestión pública más transparente.

El dato también es clave para entender cómo invierte la Administración

El nombramiento de Ana Palacios también encaja con el creciente peso que han ganado herramientas como TendersTool, que permiten convertir la contratación pública en información útil para detectar prioridades, tendencias y desequilibrios en la inversión tecnológica del Estado. No se trata solo de acumular cifras, sino de ordenarlas y analizarlas para saber en qué está poniendo el foco la Administración y con qué intensidad. En ese sentido, plataformas de inteligencia de mercado basadas en adjudicaciones públicas muestran hasta qué punto la gestión del dato se ha vuelto esencial para interpretar la modernización del sector público.

Los datos recopilados por TendersTool sobre adjudicaciones TIC en España ilustran bien esa necesidad. En 2025, las mayores partidas no se dirigieron tanto a nuevas compras puntuales como a áreas ligadas al funcionamiento continuo de la Administración, como el outsourcing IT, el mantenimiento, los servicios de telecomunicaciones o el cloud. Esa lectura solo es posible cuando los datos públicos se estructuran, comparan y contextualizan correctamente. Ahí es donde cobra sentido una Dirección General del Dato: en hacer que la información pública no quede dispersa, sino que sirva para evaluar políticas, anticipar necesidades y entender mejor cómo se transforma digitalmente la Administración.

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