En Davos se ha asumido que la IA ya no es sólo hype, pero que aún está lejos de entregar un valor económico masivo. Los líderes coincidieron en que el reto actual es convertir los proyectos piloto en productividad real, con beneficios medibles en ingresos, costes y calidad del empleo. Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, pidió abandonar la fase experimental y desplazar la IA al núcleo de los negocios con métricas claras, advirtiendo que, si los beneficios se concentran sólo en las grandes tecnológicas, el boom podría parecerse a una burbuja. Mohamed Kande, de PwC, denunció que más de la mitad de las empresas no obtiene valor de la IA por falta de gobernanza y procesos claros.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, calificó el impacto de la IA en el mercado laboral de tsunami, al estimar que el 40% de los empleos está expuesto a cambios, cifra que sube al 60% en las economías desarrolladas. La receta de Davos se resume en tres líneas de acción: capacitación masiva en habilidades digitales y uso de IA, protección social y programas de transición para trabajadores desplazados, y regulación responsable para evitar abusos que agraven las desigualdades. Christy Hoffman, secretaria general de UNI Global Union, advirtió que retrasar medidas dejará que la desigualdad gane terreno y pidió nuevos esquemas fiscales y redes de seguridad para gestionar la disrupción.
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Geopolítica de chips y los tokens
El debate también se centró en la geopolítica de la IA, donde los chips de alto rendimiento, la energía y las cadenas de suministro se convierten en ejes de poder global. Nadella habló de los tokens, las unidades de cómputo que consumen los modelos de IA, como una nueva mercancía comparada con la electricidad; el crecimiento de cada país dependerá del coste y disponibilidad de energía para generarlos. La exportación de chips avanzados a China fue comparada por Dario Amodei con vender armas nucleares, al considerar que reduce la ventaja tecnológica estadounidense y eleva riesgos de seguridad.
Satya Nadella subrayó que la IA debe utilizarse para cambiar resultados para personas, países e industrias, pero alertó de que el despliegue será desigual porque depende del acceso al capital y a infraestructuras. Destacó que las redes eléctricas y de telecomunicaciones son responsabilidad de los gobiernos y que el éxito de la IA requiere políticas que atraigan inversión pública y privada. Dario Amodei remarcó que la IA puede eliminar hasta la mitad de los empleos de oficina, mientras que Demis Hassabis fue más optimista y prevé la creación de nuevos empleos significativos, aunque reconoce que la llegada de la IA general (AGI) podría dejar al mercado laboral en terreno desconocido.
Ética, edge computing y sostenibilidad
Más allá de la productividad, Davos insistió en que el progreso tecnológico debe ser sostenible y ético. Se alertó sobre el peligro de innovar sin regulación y se reclamó reducir las brechas de seguridad, privacidad y desigualdad. La IA en el edge computing fue uno de los focos: procesar datos localmente sin depender de la nube transforma sectores como la salud y la manufactura. Además, se pidió una tecnología verde e inclusiva que reduzca el impacto ambiental y garantice el acceso equitativo a la digitalización.
El informe de riesgos globales del WEF muestra que los resultados adversos de la IA han escalado del puesto 30 al 5 en el horizonte de diez años. La IA pasa de ser un espectáculo a una infraestructura crítica, por lo que se discute cómo poner precio y permisos a su despliegue. Los CEOs se centran en construir y lucrar con la IA a escala industrial, mientras los responsables de riesgos buscan evitar que la geopolítica y la regulación conviertan esa escala en fragilidad.
La agenda tecnológica de Davos también abordó la soberanía digital y la gobernanza de la IA. Europa defendió un modelo que combina innovación con protección de derechos y colaboración público‑privada. Líderes como Óscar López reiteraron que el equilibrio entre protección ciudadana e innovación es la única forma de que la IA sea socialmente aceptable. De cara al futuro, la pregunta clave ya no es si la IA llegará, sino quién se beneficiará de ella y quién quedará excluido.
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