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Digitalización, innovación y competitividad



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A raíz del famoso apagón, vimos la importancia de contar con infraestructuras de primer nivel: sin ellas, la digitalización es imposible

Publicado el 6 feb 2026

Francisco Hortigüela

Presidente de Ametic



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El mundo de la tecnología y la digitalización avanza de forma imparable, acelerando el proceso de transformación de los modelos económicos, industriales y sociales, impulsado por la revolución de la inteligencia artificial, la robótica o la ciberseguridad.
El sector de la industria digital en España goza de buena salud, con un crecimiento del 5,6% en el último año -2024- y una facturación que supera los 138.000 millones de euros. Lo mismo ocurre con la generación de empleo: más de 700.000 puestos de trabajo y un crecimiento del 7%. Se trata, además, de un sector que ofrece salarios muy superiores a la media, es decir, un empleo de calidad.
Sin embargo, el mayor impacto de la industria digital se encuentra en su aplicación a todos los sectores productivos y a las Administraciones Públicas. Vivimos en un mundo global, y nuestros competidores pueden estar a miles de kilómetros. Por ello, debemos tener una visión global, viendo a nuestros vecinos no solo como competidores, sino también como aliados con los que colaborar para crecer conjuntamente.

Tejido empresarial español

España y Europa tienen un problema de tamaño. Contamos con grandes empresas líderes en todos los sectores a nivel global, pero nuestro tejido empresarial está compuesto principalmente por pequeñas y medianas empresas. En el caso de España, el peso de las pymes representa cerca de dos tercios del empleo y del PIB, lo que limita la capacidad competitiva de muchas compañías por cuestiones de escala. Además, la concentración tampoco resulta fácil; lo vemos en el sector de las telecomunicaciones, donde el número de operadores en Europa se multiplica por cien respecto a Estados Unidos.

La apuesta europea ha sido ambiciosa e importante, pero aún insuficiente: seguimos perdiendo competitividad. Es necesario mejorar la eficiencia del sistema y fomentar la colaboración entre las universidades y los sectores productivos
Como señala el Informe Draghi, Europa crece, pero a un ritmo mucho más lento que otras regiones como Estados Unidos o China, lo que nos lleva a perder competitividad año tras año.
La Unión Europea, consciente y preocupada por esta situación, ha puesto en marcha la Brújula de la Competitividad, una hoja de ruta que pone el foco en temas clave como la innovación -donde el déficit europeo y español es preocupante-, la simplificación de procesos y la reducción de las cargas burocráticas que se han ido acumulando con el tiempo. Y, por supuesto, en la digitalización como motor de la competitividad.
La economía del dato se está consolidando como uno de los pilares estratégicos de la competitividad global. Los datos son el nuevo activo productivo que impulsa la innovación, optimiza procesos y permite anticipar decisiones en tiempo real. Sin embargo, para aprovechar plenamente su potencial, Europa debe avanzar hacia un verdadero mercado único del dato, basado en la confianza, la interoperabilidad y la soberanía tecnológica. En este contexto, España puede jugar un papel protagonista impulsando la adopción de tecnologías de inteligencia artificial y analítica avanzada en sectores clave como la salud, la energía, la movilidad o el turismo. La capacidad para generar, procesar y proteger datos de forma ética y segura será determinante para garantizar nuestra autonomía digital y reforzar la posición europea en la cadena de valor global. La soberanía tecnológica no consiste en aislarnos, sino en ser capaces de elegir y decidir con libertad nuestras tecnologías, nuestras infraestructuras y nuestros socios estratégicos.

Innovación y proceso

AMETIC se caracteriza por ser una asociación propositiva. El origen de muchos de los conocidos PERTES de la etapa pospandemia se inspiró en las propuestas de los Proyectos Tractores de digitalización de la salud, el turismo, la movilidad o el sector agroalimentario.
Las empresas que sobreviven son aquellas que se reinventan continuamente, porque los escenarios cambian, y lo que hoy es válido mañana puede quedar obsoleto. Lo mismo ocurre con los países: debemos reinventarnos para reducir la brecha con otras regiones que crecen a mayor ritmo. Esa reinvención pasa por la digitalización, la innovación, la simplificación, la apuesta por sectores estratégicos y el refuerzo de infraestructuras críticas como las telecomunicaciones o la energía.
La innovación es la clave del progreso. La apuesta europea ha sido ambiciosa e importante, pero aún insuficiente: seguimos perdiendo competitividad. Es necesario mejorar la eficiencia del sistema y fomentar la colaboración entre las universidades y los sectores productivos. España es un país líder en ciencia, pero este liderazgo no se refleja, como debería, en la capacidad innovadora del tejido empresarial. La innovación es el motor del crecimiento industrial, el empleo, la competitividad y el garante del mantenimiento del Estado del bienestar, que tanto nos ha costado construir y que constituye un valor diferencial europeo. Debemos replantear el proceso y buscar nuevas fórmulas.
Europa va con retraso en el desarrollo de tecnologías clave como la inteligencia artificial, la computación en la nube o la ciberseguridad. Sin embargo, aún queda mucho por hacer y desarrollar, y contamos con el talento suficiente para recuperar parte del tiempo perdido. En mi opinión, la clave es la colaboración con otras regiones más avanzadas, pero en un marco win-win, que nos permita desarrollar nuestras propias tecnologías y soluciones.

Sectores productivos

Otro reto al que nos enfrentamos es la digitalización de los sectores productivos donde somos líderes -como la salud, el turismo, las ciudades inteligentes, la movilidad o el sector agroalimentario-. Se trata de digitalizar todo el ecosistema. Es esencial que las grandes empresas tractoras den ejemplo, pero también que las pequeñas y medianas empresas, las administraciones y la academia colaboren en este proceso y se conviertan en referentes internacionales. Necesitamos casos de éxito y debemos exportar tecnología made in Spain.
Las Administraciones Públicas tienen una doble responsabilidad en la transformación digital del país: primero, dando ejemplo, liderando su propia digitalización para mejorar la eficiencia y el servicio a empresas y ciudadanos; segundo, desarrollando una legislación que favorezca la innovación y la digitalización; y tercero, creando programas de apoyo público y privado e invirtiendo en la modernización de infraestructuras críticas como las telecomunicaciones o la energía.
La innovación no florece únicamente con recursos, sino con una cultura que la favorezca. Necesitamos administraciones y empresas que asuman la experimentación como parte de su ADN, que no penalicen el error, sino que lo utilicen como fuente de aprendizaje. La política pública también debe evolucionar hacia modelos más ágiles y colaborativos, capaces de anticipar tendencias en lugar de reaccionar tarde a ellas. España ha demostrado su capacidad para liderar transformaciones cuando existe una visión compartida y un marco normativo que acompaña el cambio. Convertir la innovación en una política de Estado -transversal, sostenida y medible- es una condición imprescindible para asegurar la competitividad futura y fortalecer la confianza de la ciudadanía en el progreso tecnológico.
La creación, atracción y retención de talento son claves para alcanzar nuestros objetivos. La calidad de las organizaciones y sus resultados está directamente relacionada con la calidad del talento de sus personas. El talento atrae al talento y genera ecosistemas. España está invirtiendo importantes recursos en formación, pero todos los esfuerzos son pocos. La formación continua es fundamental para el éxito del país, y ello pasa por la concienciación de todos los trabajadores.
Por último, la colaboración entre grandes y pequeñas empresas es esencial para crecer en conjunto; la colaboración público-privada mediante equipos mixtos y la cooperación entre administraciones para simplificar y hacer más eficientes las inversiones son también factores decisivos.
Hemos avanzado mucho y aún tenemos mucho por hacer, pero juntos lo conseguiremos: academia, Administraciones Públicas y sector privado.
El naturalista inglés Charles Robert Darwin, en su libro ‘El origen de las especies’, planteaba la idea de la evolución biológica a través de la selección natural, donde las especies que mejor se adaptan al entorno son las que sobreviven.
Pues bien, si el entorno está cambiando y aplicamos el concepto de selección natural a nuestra sociedad, veremos que es de vital importancia adaptarnos a este nuevo ecosistema digital de forma rápida y eficaz. La negación del cambio solo nos llevaría a ser relegados a una sociedad de segunda y a perder los avances conseguidos hasta ahora, poniendo en riesgo el Estado del bienestar, del que actualmente disfrutamos y que, quizás por tenerlo tan cerca, no valoramos adecuadamente.
Los cambios asustan, pero debemos superar ese miedo natural y reconocer las ventajas que ofrecen, sin dejar de ser conscientes de los riesgos que entrañan, pero siempre con una visión positiva y propositiva. Negar la realidad es un peligro; luchar contra ella, aún más.

Estado del bienestar

En Europa disfrutamos del Estado del bienestar, un modelo político y económico en el que el Estado asume la responsabilidad de garantizar el bienestar social y económico de los ciudadanos. Su objetivo principal es reducir las desigualdades y lograr equidad y cohesión social, asegurando el acceso universal a servicios básicos como sanidad, educación, vivienda, servicios sociales y prestaciones de desempleo y pensiones.
Para que este sistema funcione correctamente, es necesario que la economía sea fuerte y competitiva a nivel global. Porque la riqueza se reparte; la pobreza, se prorratea.
De ahí la importancia de la nueva hoja de ruta de la Unión Europea, la Brújula de la Competitividad, que destaca el papel de la digitalización en la economía y la competitividad empresarial, así como la necesidad urgente de reducir la carga burocrática tanto en la Unión Europea como en los Estados miembros.
Para mantener el Estado del bienestar, que tanto costó construir, es imprescindible que Europa y España dejen de perder competitividad y recuperen el posicionamiento global que un día tuvieron. La eficacia y el impacto real de los Fondos Next Generation EU en nuestro sistema productivo son un claro ejemplo de que los mecanismos de ayuda son mejorables.
Para seguir avanzando debemos invertir en infraestructuras básicas de telecomunicaciones, transporte y energía. A raíz del famoso apagón, vimos la importancia de contar con infraestructuras de primer nivel: sin ellas, la digitalización es imposible.

No demonizar la tecnología

También debemos evitar la demonización de la tecnología, que podría hacernos perder el tren del progreso. Sí, existen riesgos, como en todo, y hay que trabajar para minimizarlos, no para eliminar la tecnología por completo. En educación, la tecnología digital juega un papel fundamental en el aprendizaje basado en proyectos y en el desarrollo de capacidades como el trabajo en equipo, la creatividad o la comunicación, al tiempo que permite personalizar la enseñanza al nivel de cada persona. Ninguna tecnología es mala per se; solo su mal uso lo es.
Es momento de pensar en el presente y el futuro que queremos, y de ver cómo la digitalización puede ayudarnos a construir una sociedad mejor, más sostenible en todos los sentidos: económico (competitividad), medioambiental y social.
En España tenemos muchas razones para sentirnos orgullosos: somos líderes en numerosos sectores productivos y una referencia a nivel mundial. Ahora debemos lograr que, a través de la digitalización, ese liderazgo crezca y se consolide.

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