Oracle: Competitividad y TI, una pareja bien avenida

Félix del Barrio, director general de Oracle analiza la importancia de la eficiencia en la producción y su impacto directa en la salida de la crisis.

Publicado el 16 Feb 2010

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Félix del Barrio
Director General de Oracle Ibérica

A pesar de la crisis económica, muchos países han mantenido su capacidad competitiva gracias a la solidez de sus mecanismos institucionales, empresariales, científicos y tecnológicos. El índice de competitividad -tanto de un país como de una empresa particular- es uno de los indicadores de desarrollo más ilustrativos. El Foro Económico Mundial publica anualmente el índice de competitividad global, definido por el organismo como ‘la aptitud de un país o empresa para generar más riqueza que sus competidores en los mercados mundiales’. Este índice mide un conjunto de componentes que determinan la capacidad de un país para ser competitivo: sus instituciones, sus infraestructuras, la estabilidad macroecónomica, la oferta sanitaria y de educación primaria, la educación superior, la eficiencia del mercado de bienes, la eficiencia del mercado laboral, la sofisticación de los mercados financieros, la preparación tecnológica de empresas e instituciones, el tamaño del mercado, la sofisticación empresarial y, por supuesto, el grado de innovación. ‘Hacer más con menos’ es quizás la frase más repetida en el último año. Y tanto la competitividad como la productividad tienen mucho que ver con este objetivo: producir más bienes o servicios con menos recursos (en definitiva, ser eficientes), apoyándose en la tecnología y en el capital humano del que disponga la organización. Cuanto mayor sea la satisfacción del consumidor y menor el coste de producción, más alta será la competitividad de una empresa. Por su parte, los principales factores que marcan la alta o baja competitividad de un producto son la calidad, la innovación, el nivel de precios (determinado por la productividad) y la inflación diferencial entre países.
Como veíamos antes, una de las variables que influyen en la competitividad es el entorno institucional y macroeconómico de cada país. Este entorno debe facilitar a las empresas la adopción de tecnologías, la adaptación a los cambios en el contexto internacional y la exportación de productos con valor tecnológico añadido. En su informe 2009-2010, el Índice de Competitividad Global publicado por el Foro Económico Mundial está liderado por Suiza como la economía más competitiva del mundo, superando por primera vez a Estados Unidos (que ocupa este año el segundo lugar), golpeado fuertemente por la crisis financiera. Hay que descender hasta la posición 33 para encontrar a España, por detrás de la mayoría de las grandes economías europeas. Como puntos fuertes, la competitividad española disfruta de un gran mercado disponible para las empresas, una fuerte adopción tecnológica, modernas infraestructuras y una oferta educativa de alta calidad. Entre los puntos más débiles, figura el entorno institucional (que hasta ahora no ha fomentado suficientemente la innovación), el actual déficit presupuestario -compartido por otros muchos países debido a la crisis y las inyecciones de liquidez- y, especialmente, la rigidez del mercado laboral, agravado ahora con el aumento del desempleo.
En todo este entramado competitivo, la tecnología resulta esencial para mejorar la productividad en todos los sectores económicos. El elemento central es la facilidad de acceso para las empresas a los productos y soluciones tecnológicas más avanzadas. En los últimos meses, el endurecimiento de las condiciones crediticias y la propia actitud de muchos responsables de negocio, temerosos de exponerse a más riesgos de inversión, han frenado el desarrollo tecnológico en muchas regiones del planeta. Sin embargo, sin una decidida apuesta tecnológica, el progreso empresarial puede ponerse seriamente en peligro.
La tecnología está además estrechamente vinculada a la innovación, otro de los pilares clave de la competitividad. Para aquellos países menos avanzados, la mejora de la productividad puede obtenerse aún gracias a la implementación de las tecnologías existentes. Sin embargo, para aquellos países que hayan alcanzado un avanzado estado de desarrollo, la utilización de la tecnología existente ya no basta para incrementar la productividad. Mantener la ventaja competitiva requiere en estos casos el desarrollo de productos y procesos innovadores, apoyados en potentes programas de I+D y en la sólida colaboración entre el mundo académico y la industria.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) actúan, por tanto, como elemento estratégico para la transformación económica y para hacernos más competitivos. Una sabia adopción de estas tecnologías puede ayudar a empresas e instituciones a aumentar su agilidad, diferenciación, productividad, eficiencia, conocimiento, capacidad de innovación, adaptación o incluso transformación. En otras palabras: saber más, vender más, dar mejor servicio y gastar mejor. ¿Quién no se apunta?

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Redacción

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